martes, 30 de mayo de 2017

¿Qué es la felicidad?

Constantemente encontramos diversos discursos en relación a la felicidad, hay una incesante insistencia en los medios de comunicación masiva, la publicidad, incluso hay una creciente literatura enfocada a educar sobre cómo alcanzar la felicidad.
El primer problema notorio en todas esas formas discursivas es que no se preguntan algo muy básico, ¿Qué es la felicidad? Esta es una pregunta muy difícil de responder pero estas prácticas discursivas lo trivializan, reducen la complejidad de la existencia humana a formas muy simples.
Para empezar a evidencia esto no hay as que analizar cuál es la propuesta capitalista de la felicidad, esta propuesta se resume a tener. El capitalismo construye una serie de discursos ideológicos que se traducen en una exposición al sujeto de constantes estímulos en donde intentan equiparar la felicidad al consumo. Construyen lo que Marx denominaría el fetiche de la mercancía, alienar al sujeto para con sus cosas, apelan a que se identifique con ellas, las quiera, que encuentre una realización afectiva con ellas.
La praxis de esta forma ideológica de felicidad es muy simple, mientras más cosas poseas, más feliz serás, tener el mejor auto, la ropa de la mejor marca, ir a los lugares más exclusivos y reconocidos socialmente.
Facebook está repleto de ejemplos en donde se percibe esto, publicaciones sobre las cosas que se compran, fotos en los lugares a los que acuden, mostrando siempre una felicidad falsa, da igual que ese producto adquirido tenga utilidad o que en una semana dejen de utilizarlo, lo importante y o clave aquí es el mostrarlo a los otros, construir una superioridad sobre los demás, la felicidad bajo este esquema radica en la obtención de un status social, de intentar distinguirse de los demás vía los productos y no el ser.
La paradoja aquí es que la mayoría de los productos que el capitalismo oferta son producidos en masa, ese intento de diferenciarse se vuelve por tanto estéril, se hablaría más bien de una uniformidad en estos sujetos hiper consumistas, se visten igual, van a los mismos lugares, escuchan la misma música, conducen los mismos autos. El sujeto se vuelve entonces un autómata, la felicidad que tanto se pregona y se intenta mostrar  no es real, es una felicidad construida artificialmente.
Las redes sociales nos dan otro ejemplo en donde se muestra esta forma de felicidad capitalista, en estas redes se reproduce esta lógica de la cantidad, el sujeto inmerso en la rede social apela a tener la mayor cantidad de contactos posibles, que aparezcan múltiples opciones  de con quién charlar, con quienes compartir momentos, momentos virtuales claro está, pero que mitigan y sirven como paliativo a la sociedad del sujeto.
Zygmunt Baumant decía que el mayor logro de Facebook es saber aprovechar nuestro miedo a estar solos, este temor y miedo a la soledad recorre de principio a fin esta red, importa muy poco la calidad y profundidad de las interacciones entre los miembros de la red, solo importa tener interacción, dar la impresión de que se tiene amigos, gente que te estima, te quiere, se preocupa por ti, le importa tu vida. El problema es que al final la soledad no se puede eludir, solo se maquilla, en esencia el sujeto se encuentra solo ante un monitor o quizá peor, acompañado físicamente por alguien pero atrapado en la virtualidad.
Otro aspecto importante a analizar es el cómo dentro de nuestra sociedad se tolera muy poco la tristeza, por un lado se encuentra el discurso psiquiátrico que patologiza la tristeza, generando una estrategia de la medicalización del dolor, muy parecido al Mundo Feliz de Aldous Huxley.
En realidad a la psiquiatría no le interesa el bienestar del sujeto, se instaura como una forma de control social, construye criterios sobre la salud y enfermedad, la tristeza desde esta perspectiva se articula como una enfermedad mental, un desorden del sujeto que no le permite ser feliz, encontrando con esto su legitimidad discursiva, si el medicamento produce felicidad, la psiquiatría por ende es buena, se le da una significación y legitimación artificial y bastante cuestionable.
Traduciendo su discurso de forma simple seria como enunciar que esta sociedad te brinda todo para ser feliz, si no logras ser feliz con tus cosas, tu ropa, tu auto, tu televisión, entonces algo está mal en ti. La intencionalidad se vuelve entonces muy simple de leer, el que no se adapta a la sociedad, pagara entonces el precio de la patologizacion, de la exclusión.
Por otro lado existen múltiples discursos que giran en torno a la positividad, nos incitan de diversas  formas y de manera insistente a pensar positivo, a concentrarnos en los aspectos lindos de la vida, criticando y excluyendo a todos aquellos que expresan sentimientos de tristeza, de hartazgo, se les llama heaters, personas toxicas, malas influencias.
La articulación de estos discursos tiene como finalidad construir un mundo artificial, un mundo que borra de la percepción muchos aspectos de la realidad, produce sujetos que viven en fantasías y lo más grave es que niega una relación dialéctica entre el dolor y el placer, solo a partir del dolor podemos dimensionar el placer y la inversa, por eso es una relación dialéctica.
Todo momento de felicidad puede transformarse en dolor, el placer lleva consigo un contenido de dolor, quien no puede lidiar con el dolor, la tristeza, no puede comprometerse con su existencia, con los momentos intensos de la vida, parte del cuidado de si consiste en aprender a saber de nuestro dolor, asumirlo, aprender a relacionarnos con él.
El dolor también produce un crecimiento personal, un conocimiento más profundo y real de sí mismo, permite la posibilidad de vivir experiencias reales, no experiencias de consumo, o virtuales, o fantasiosas.
A manera de conclusión podría decir que la felicidad no está en el consumo, ni en maquillar la soledad, la felicidad no es algo que se pueda definir a priori, no es un conocimiento previo que se tenga, la felicidad son momentos intensos de la vida, de mucho placer, la felicidad por ende no puede ser construida a partir del discurso del otro, la felicidad es una construcción personal, cada uno tiene que buscar su propia forma de felicidad, no existen manuales ni una felicidad correcta o incorrecta como algunos discursos querrían darnos a entender.

Eduardo Contreras Merino.
 Psicoanalista. Contacto al teléfono 5523275307.
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miércoles, 17 de mayo de 2017

Sade y la ética del deseo.

Hablar sobre  las obras del marqués de Sade es hablar de un autor que provoca todo tipo de opiniones, aunque comúnmente se le ubica como un autor pornográfico, que saca a la luz ese lado oscuro del sujeto que muestra  lo peor del ser humano.
En este texto no me concentrare en definir qué tipo de literatura son sus novelas, más bien intentare centrarme en otro aspecto de sus obras, en el contenido filosófico presente en ellas, más específicamente intentare responder a la siguiente pregunta  ¿Qué es lo que Sade nos dice sobre el deseo? Para intentar responder a esto retomare 2 libros muy conocidos de su obra, Justine y los infortunios de la virtud  y Juliete.
La trama de Justine podría ser fácilmente entendida como una tragedia, la vida de Justine parece marcada por una lucha constante entre defender su postura de conservar su virtud o dejarse corromper por todos aquellos libertinos y seres malvados que se “encuentra”  en su camino constantemente.
La historia vista desde una lectura lineal parece rondar sobre la crueldad de la humanidad, la maldad, el dolor, pero si profundizamos un poco, si ponemos atención a ciertos diálogos de los personajes encontramos que hay algo mas, un subtexto que gira que ronda sobre responder una pregunta muy clara ¿Que es la virtud?
Sade es muy claro a la hora de responder a esto, por un lado nos muestra los argumentos por un lado nos muestra los argumentos de Justine, haciéndose evidente que son meras repeticiones de discursos religiosos, morales, por otro lado Sade habla a través de sus personajes libertinos, cuestiona esos discursos,  cuestiona ese concepto de virtud  concluyendo que la virtud solo es un discurso moral. Un discurso de saber-poder, una verdad construida por determinados sectores sociales con el fin de producir un control sobre la población, sobre sus cuerpos, su conducta, su deseo.
La historia de Justine es una historia sobre la alienación del sujeto, sobre la represión, una historia que ejemplifica muy bien la diferencia entre ser sujeto y ser objeto. Justine jamás se asume como sujeto porque nunca desea, cada vez que el placer comienza a invadirla, cada vez que se encuentra a punto de encontrarse con su placer huye, lo reprime, parece su moral, esos discursos que la constriñen, la alienan, volviéndola un mero objeto de goce para otro, un cuerpo desprovisto de sentido, de identidad, vació.
Justine renuncia a su libertad  por eso Sade la castiga brutalmente, no tiene piedad con ella, Sade nos ejemplifica con esto que aquel que renuncia a asumir su libertad está condenado a la tiranía del azar, a la voluntad del otro.
Incluso en el final de la novela, cuando parece que por fin Justine ha vencido todas las adversidades, que por fin será feliz conservando  intacta su virtud, Sade la mata, dándonos con esto una última lección brutal, el azar es cruel, que abandonarse al azar solo conlleva a la tragedia, a un circulo de repetición infinito en el cual la única vía de escape es la muerte.
En Juliete Sade nos muestra la otra cara de la moneda, nos muestra un personaje libre. La novela inicia con la tragedia que envuelve a ambas hermanas, y aquí se produce la primera elección que marcara la vida de ambas, Justine elige alinearse, mientras que Juliete elige no reprimir su deseo, no reprimir sus inquietudes, sino explorarlas, elige que su destino no dependerá de nadie más que de ella, y decide utilizar su cuerpo como vía de acceso a lo que desea.
En esta novela se nos sigue mostrando un desfile de libertinos bastante peculiares, algunos incluso monstruosos como en Justine, pero la forma de vivir las experiencias por Juliete es diferente, ella se abandona al deseo, no se deja atrapar por estos discursos que buscan dominarla, por el contrario, los combate, Sade por medio de Juliete nos muestra que al final como sujetos solo nos tenemos a nosotros mismos, solo contamos con nuestro propio criterio, que en relación al placer no hay cosas buenas o malas, simplemente gustos, preferencias, Juliete rompe con la moralidad, rompe con los discursos dominantes de su época que definían lo que era una mujer, pone en praxis eso que decía Simone de Beavouir en el segundo sexo, que no se nace siendo mujer, se deviene como mujer, convierte así su vida en una elección constante no dejando al azar el destino de su vida. Ahora bien el titulo de este texto es Sade y la ética del deseo, ¿donde entra en esto que he descrito a hasta ahora la ética?
Para retomar este punto utilizare como referencia otro texto de sade, La filosofía en el tocador, quizá el texto más profundo y filosófico de Sade, el personaje de Dolmance actúa como un profesor muy particular, si se lee de forma lineal parecerá que Dolmance solo enseña una praxis sobre la sexualidad, una arts erótica sobre las formas de producir placer en los sujetos, pero hay algo mas, algo que trasciende el mero cuerpo, Sade utiliza a Dolmance para expresarnos una ética, una ética sobre el deseo, sobre el placer.
Dolmance da numerosas clases teóricas y prácticas sobre el conocimiento del cuerpo, sobre la producción del placer, del erotismo en el sujeto, pero a la vez muestra esta ética que se puede ubicar en algunos de los siguientes puntos:
1.-  El placer es algo natural en el sujeto, por ende no puede considerarse malo, aquí Sade apela a combatir los discursos morales, esos discursos que condenan el placer, que busca producir culpa en el sujeto por sentir placer, por desearlo, sade lo coloca en el orden de la naturaleza, sigue una lógica muy clara, la naturaleza es simplemente la naturaleza, la naturaleza produce su propio orden, sus propias reglas y no se pueden medir bajo la dualidad de bueno o malo, lo natural simplemente es, se escapa al orden moral humano. El placer entra en este orden natural, por ende no existe lo bueno o malo, simplemente el placer, intensidades de placer y en esto es el punto clave, la ética entra aquí en el dominio que se tiene sobre ese placer, en las intensidades que el sujeto se permite sentir, de producir un dominio que le permita reproducirlo cuando considera oportuno y en las cantidades que considera oportunas.
2.- El cuerpo es la principal vía de experimentación del placer, por ende cualquier parte del cuerpo sirven para este propósito, no hay partes del cuerpo que deban ser excluidas, en todas sus obras Sade nos deja muy claro esto, mostrándonos que no debe haber una privación del uso de cuerpo con fines de goce, los 120 días de Sodoma es quizá el ejemplo más claro de esto,  nos describe un sinnúmero de libertinos que gozan con múltiples partes del cuerpo, pero a su vez nos muestra un aspecto crucial, que es el de conocimiento de sí. El sujeto debe saber sobre su cuerpo, saber que partes le producen placer, así como el del otro, en esta novela encontramos sujetos que tienen un conocimiento muy claro de lo que desean, de lo que buscan en su cuerpo y el del otro, mostrándonos que saber implica poder, saber de nuestro cuerpo produce que tengamos poder sobre él y por ende libertad de acción, el desconocimiento solo produce represión, alienación.
No es casualidad que muchos de los personajes de Sade sean sodomitas, que prefieran el sexo anal y no necesariamente porque sean homosexuales, el altar de Sodoma como lo nombra Sade se vuelve ese elemento de transgresión a lo moral,  se vuelve el ejemplo perfecto para mostrar que en términos del placer no debe haber restricciones, evidencia que esos discursos que buscan limitar la sexualidad a el uso de y prohibición de ciertas zonas del cuerpo, tienen como finalidad el control, Sade sabe que el sexo y el placer son de las principales vías de creación del sujeto, obtener placer implica inventar, crear con nuestro cuerpo.
3. El placer disuelve el ejercicio de poder, Sade muestra claramente como la sexualidad no tiene que ver con el poder, incluso en términos de sadismo y masoquismo lo que menos existe es un poder sobre el otro, existen mas bien lugares de objetos y sujetos, en el acto sexual todos somos objetos de deseo, somos pasivos y a la vez activos, somos objeto de goce del otro y él lo es de nosotros, no existe una superioridad de género, ni de anatomía, en el sexo el sujeto se confronta con ese lado más natural, ese orden en donde solo existe el placer. Sade evidencia que el pensar el sexo desde el poder es una ilusión, que solo es a unión de cuerpos y producción de placeres en donde no existe ni bien y mal y en donde todos somos objetos de goce del otro.
Para concluir podría decir que la ética Sadiana apela a conocer de sí mismo, de nuestro erotismo, a asumir nuestra libertad, asumir que el sexo es una expresión de nuestro potencial creador, que nuestra satisfacción o insatisfacción sexual esta en relación a la posibilidad de libertad que tengamos, a la posibilidad de transgresión de la normalidad, nos muestra que el placer y el erotismo puede sin duda ser usado como una forma de práctica de ejercicio de la libertad.

Eduardo Contreras Merino.
 Psicoanalista. Contacto al teléfono 5523275307.

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lunes, 24 de abril de 2017

El ejercicio de poder en las relaciones de pareja.

Si partimos de la premisa que el poder no se posee, sino se ejerce,  a lo largo de no abordare esta postura de género que plantearía que el poder lo posee un genero, principalmente el masculino y que el otro está privado del poder,  más bien analizare algunos mecanismos y estrategias de ejercicio de poder en las relaciones de pareja y que son independientes del genero.
Hacer un análisis del ejercicio de poder es  profundizar en  cómo opera, bajo que estrategias, que intencionalidades tiene, que objetivos persigue, hacer un análisis del poder, es hacer una reflexión  en torno a lo que es ser humano, en torno a la voluntad, al deseo, a la dominación.
Es replantearse un problema viejo de la humanidad, esa necesidad constante de imponer nuestra voluntad al otro, dominarlo, convertirlo en un objeto que este en relación a nuestro deseo. La pareja al ser un encuentro intersubjetivo no esta exenta de presentar formas de ejercicio de poder, analizare por ende algunos puntos que me parecen relevantes en la forma de ejercer poder en las relaciones de pareja.
Una forma de ejercer poder en las parejas radica en volver un objeto al otro, Jean Paul Sartre, plantea que en un encuentro con el otro se produce una lucha subjetiva,  una lucha en donde se busca reducir al otro a la condición de objeto, anular su subjetividad, convertirlo en una expresión de su deseo, para Sartre a eso se reduce el amor, a un juego de poder, quien mas renuncia a si mismo asume ser el objeto del otro, provocando irremediablemente una relación de amo y esclavo.
Ejemplos de esto los encontramos muy comúnmente en las relaciones de pareja, una vez que pasa el efecto del enamoramiento se busca quitarle al otro los aspectos que se consideran negativos o poco deseables, se busca cambiar su forma de ser, sus hábitos, su forma de pensar, en esencia se busca anular su otredad, su condición de sujeto, se utiliza el amor como discurso ideológico y de dominación para convertir su vida en nuestra vida.

Esto puede tomarse como el punto de partida inicial, es decir como el objetivo del ejercicio de poder, pero aquí surge una pregunta, ¿de qué forma se consigue esto?, ¿Qué estrategias operan para conseguir este objetivo de volver objeto al otro en una relación de pareja?
Hacerlo desde una perspectiva autoritaria fascista conllevaría algo muy burdo, muy visible, si bien es verdad que en muchos momentos históricos fue la estrategia principal de conseguir esto, los cambios de paradigmas, económicos, y sociales han producido que el ejercicio de poder tenga que volverse sutil, invisible, mientras más invisible mejor sus efectos. Me centrare en dos estrategias utilizadas frecuentemente en las parejas para ir produciendo una objetalizacion gradual del otro.
1.    El halago-rechazo.
Freud decía que ante la crítica podemos defendernos, pero ante el halago estamos indefensos, halagar algunos comportamientos del otro se vuelve la principal vía de la repetición del comportamiento deseado, así como el rechazar y condenar comportamientos la vía principal de evitar que se produzcan.
Esto parecería que el paradigma conductista tiene razón, que su planteamiento que en nuestra experiencia humana, todo  se rige por un premio o castigo a nuestra conducta y en cierto punto así es, pero se juega algo mas, se juega el amor, ese sentimiento que en psicoanálisis se interpreta como una necesidad de reconocimiento, ese amor por la imagen que el otro nos devuelve de nosotros mismos, a ese don del otro que es su amor.
Esta estrategia opera desde ese punto precisamente, apela a modificar al otro vía el acto de dar amor o negarlo, dar reconocimiento o critica,  devolverle una imagen de si que lo haga sentir deseado, amado, bien consigo mismo o una versión desagradable de sí. Se traduce en un “te amo en tanto hagas lo que deseo y te desprecio en tanto hagas lo que tu deseas”.
Esto pasa por una imposibilidad de aceptar que el otro es otro, si bien es verdad que el amor incondicional no existe y que siempre amamos interesadamente, tampoco se trata de caer en el extremo de anular al otro, esto lleva a una relación auto erótica, el otro solo como una herramienta.
La situación se complica porque tampoco se puede amar al otro solo por ser, hay dar algo, es necesario perder algo en ese encuentro intersubjetivo, efectivamente el otro ama por lo que se hace por él, por lo que se le da, la pregunta aquí es ¿hasta dónde hay que perder en pos de obtener ese don del amor de otro?
Esta estrategia anula en el otro todo aquello que lo hace sujeto, su libertad, su condición de sujeto deseante, su pensamiento, es decir lo que es, la clave para identificar el grado de poder que el otro ejerce sobre nosotros vía el uso del amor esta en aprender a ubicar el equilibrio entre nuestro deseo y el del otro, cuestionarse sobre ¿Qué tan libre soy estando con esa persona? ¿Qué tanto puedo ser yo mismo y estar acompañado de mi objeto amoroso? ¿Hasta dónde ese amor respeta mi diferencia?
Responderse estas preguntar permite hacer evidente ese ejercicio de poder y al hacerlo visible, tener la posibilidad de alterar su fuerza.
       2.-   Relaciones de saber poder.
Es común que existan relaciones que se estructuran como asimétricas, relaciones en donde el saber juega un papel clave, como bien ha demostrado Foucault, el saber produce poder, en relaciones en donde uno se asume con saber y el otro no se produce una asimetría, esta asimetría conlleva una imposición del que sabe sobre el otro, la modificación opera aquí en relación al saber.
Opera muy parecido a cómo funcionan ciertas terapias psicológicas, el sujeto que acude a terapia coloca en un lugar de saber al terapeuta, a diferencia del psicoanálisis en donde el analista rechaza ese lugar de saber, el psicólogo lo asume y busca desde ese lugar modificar al otro, produciendo una contención al surgimiento de un sujeto deseante.
Esto mismo ocurre en relaciones de pareja asimétricas, al asumir un miembro de la pareja ese lugar de saber tapona el deseo del otro, volviéndolo un reproductor de comportamientos.
Este saber no tiene forzosamente que ser un saber técnico, científico, cultural, aunque en muchos casos si es así también hay otro tipo de saber que se pone en juego, es común escuchar frases como “Yo sé lo que te conviene”, “he vivido más que tu”, “yo sé quién eres realmente” este es un tipo de saber que busca generar una manipulación que pone en duda al otro quien es, que desea, que quiere.
Generan modelos de identificación, atan al sujeto a ciertas formas de expresar lo que es, construyen categorías de permisión o exclusión, categorías de deber ser, obturando la libertad del sujeto, y volviéndolo un objeto.
A modo de conclusión, sería importante rescatar lo que dice Foucault, que ahí donde hay poder siempre hay resistencia al poder, ¿de qué forma resistirnos a este poder? Quizá la mayor forma de resistirse esta en rescatar ese cuidado de si, ese conocerse a sí mismo, saber lo mas que se pueda quien soy, que deseo, ubicar como decía Foucault que somos más libres de lo que pensamos, que lo que comúnmente se  conoce como verdades son construcciones que se han dado en momentos históricos dados y que por ende puede ser destruidas y reconstruidas.

Dejar de percibir al amor como un mecanismo de dominación del otro, como una forma de posesión, de apropiación, empezar a entender el amor como un encuentro con otro, como una forma de acompañamiento existencial, marcado por la libertad y la posibilidad de ser con el otro. 

Eduardo Contreras Merino.
Psicoanalista. Contacto al teléfono 5523275307.
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viernes, 24 de marzo de 2017

Principales errores en la Elección de pareja.

La elección de pareja es un aspecto importantísimo para la vida de los sujetos, en esta sociedad postmoderna se cometen varios errores en esta elección, en este escrito abordare  los que considero principales.
1.- La parcialización de los vínculos de pareja.
En el banquete de Platón se habla de 3 tipos de amor, el Eros enfocado por completo al erotismo, a las Aphrodisias esa forma más pasional cuya finalidad es placer, el Agape como expresión del amor enfocada a la ternura, a ese amor que con el tiempo se transformo en el amor romántico que se torna asexual y por último la Philia, un amor que busca la trascendencia, en un acompañamiento del otro en la existencia, deseando un crecimiento espiritual conjunto.
En una sociedad tan fragmentada como la nuestra, es muy común encontrarnos relaciones parcializadas, parejas que su forma de vincularse esta más de lado del Agape que del eros o a la inversa, se encuentras en polos de las interacciones amorosas, sin lograr acceder a la Philia, es decir a formas de amar trascendentes.
Esto ocurre por varias razones, en el caso del Agape, es muy frecuente que se confunda el amor amistoso, con el amor de pareja, se produce una negación del placer sexual debido a represiones psíquicas y morales que algún miembro de la pareja tiene y que producen una inhibición en el sentido psicoanalítico del término, lo que lleva a una relación parcializada cuya consecuencia directa es una insatisfacción pulsional.
En el caso de las relaciones que están dominadas por el Eros, tiene explicaciones más de corte social, aun en estos tiempo denominados de apertura sexual, es muy complejo para muchos sujetos, asumir que solo se desea sexualmente al otro, aun vivimos atravesados por la moral burguesa-cristiana que enmarca la institución matrimonial o su actualización actual que es el noviazgo como el espacio legitimo para el ejercicio de la sexualidad, esto lleva a múltiples personas a aceptar un compromiso de pareja para tener satisfacción sexual legitima sin tener un deseo real de un vinculo así, lo cual también provoca una situación de insatisfacción y una condena al fracaso de la relación.
Ambos casos, son parcializaciones de las formas de amar, no se puede separar el Eros del Agape, es decir no se puede separar lo erótico de la ternura en un vinculo de corte amoroso y de pareja, la resolución de estas problemáticas esta en aprender asumir el deseo real que se tiene por el otro y vincularnos de esa forma con él, sin tomar en cuenta los discursos morales y sociales.
2.- El problema del que o él quien en el amor.
Jacques Derrida en una entrevista donde se pregunta con respecto al amor responde que en el amor es cosa del que o él quien, es decir, que se ama o a quien se ama. Esto se traduce en algo muy simple, amar una cualidad del otro (Fisico, Inteligencia, Dinero) o se ama el ser del otro.
Amar una cualidad produce relaciones de corta duración, si se ama el físico siempre habrá alguien más con el físico más bello, otros más inteligentes, con más dinero, generando una frustración. Por otro lado amar el ser implica amar al otro con sus defectos y virtudes, con sus características positivas y negativas.
Este punto está en una relación directa con el punto anterior, elegir en base a cualidades parciales del otro conlleva una elección condenada a la insatisfacción, a estar siempre en cambio constate de objeto de amor, como en el punto anterior la apuesta está en poder trascender el ver al otro en pedazos para poder verlo integralmente, aprender a relacionarnos con personas, no con pedazos.
3.- Elecciones Narcisistas.
El psicoanálisis nos ha mostrado que en el amor se juega una parte muy importante del narcisismo del sujeto, es muy frecuente encontrar elecciones de pareja narcisistas, y pueden ubicarse de forma muy clara a partir de los siguientes aspectos.
a)    Privilegiar el ser amado al amar. Esta eleccion se caracteriza por  buscar en el otro alguien que alimente el ego, estas elecciones se caracterizan por enamorarse de la imagen que el otro les devuelve sobre sí mismos, no del otro, sino de lo que son ante la mirada del otro.
b)    Buscar cubrir las faltas del sujeto vía el otro. Esto se muestra en una elección en la cual se ama aquellos aspectos del otro de los que el sujeto carece, amar buscando cubrir aquello que les falta apelando a una completud ideal, inexistente, en vez de trabajar consigo mismo buscando una evolución del ser, se busca crecer via el otro, volviéndose una relación utilitaria.
c)    Elección punitiva. No siempre se elige a otro con la finalidad de alimentar el narcisismo, algunas veces  se elige como una forma de una imagen deteriorada de sí mismo.  Esta elección es autopunitiva, masoquista, en donde el otro pasa a ser un torturador, el garante de esa necesidad de castigo, que parte de un odio de si mismo.
4.- Negación de la realidad.
Es muy común encontrar parejas en las cuales se percibe una profunda negación de la realidad de lo que es reamente la relación, del verdadero vínculo que se tiene con el otro, esta realidad se niega en varios aspectos:
A)   Negar las faltas del otro. Esto es lo que comúnmente se conoce como la idealización del otro, se tiende a negar lo que a la pareja le falta, percibiéndolo como un ser perfecto, esta percepción es insostenible por mucho tiempo, provocando profundas decepciones y frustraciones cuando se ve a ese otro en su desnudes, en su incompletud. Esto muchas veces es producido por un profundo miedo a la soledad, de tal forma que con tal de no estar solos se nieguen aquellas características del otro que harían evidente que no es la elección adecuada.
B)   Proyección de nuestras expectativas al otro. Un error muy recurrente es el tratar de convertir a la pareja en una versión de nuestro deseo, transformarlo en aquello que se desea que sea, exigiéndole que cubra esas expectativas y no aceptando una realidad inherente a los sujetos, que el otro es otro, es de otra forma, piensa de otra forma, ama de otra forma, jamás será lo que nosotros deseemos que sea.
C)   Construir una realidad alternativa. En estos tiempos de las redes sociales es muy común encontrar fotos en donde aparecen parejas rebosando felicidad, fotos en el restaurante, en la fiesta, viajes, en donde dan la impresión de ser una pareja perfecta, ¿Pero realmente es así? Una de las trampas de las redes sociales es la de quedarse atrapados en la imagen, usar estas plataformas como medio de negar la realidad, construir una realdad alterna, basada en un imaginario inexistente, da igual que esa pareja no hable entre ellos, no convivan, no se deseen, una selfie compartida en Facebook y muchos likes generan la falsa idea de que todo va bien, la virtualidad sustituye a la realidad.

5.- Elecciones basadas en estereotipos.
Este punto está en una estrecha relación con lo la dialéctica entre lo bello y lo feo, lo atractivo y lo repulsivo, y parte de una pregunta muy simple, ¿Por qué consideramos a una persona atractiva o repulsiva? ¿En base a qué? ¿En comparación a qué?
La gran mayoría de los sujetos no se hacen estas preguntas, están alienados a discursos dominantes que producen en ellos una determinada forma de desear, se desea aquello que los medios de comunicación transmiten como lo bello, y se rechaza lo que estos medios determinan como desagradable.
Estos medios construyen estereotipos de lo que debe ser un hombre o mujer atractivos, en base a modelos físicos imposibles de obtener, truqueados, se generan estereotipos de lo que debe ser una mujer o un hombre, como debe comportarse, verse, generando modelos de identificación en una población dada.
La única defensa ante esto consiste en la posibilidad de conocerse a sí mismo, de tener una inquietud de si entorno al deseo, trascender esos discursos de verdad, una elección con base en estereotipos está condenada a una insatisfacción.
A modo de conclusión estos son algunos de los errores que me parecen  más relevantes a la hora de elegir pareja, se hace evidente que el conocimiento de sí mismo y de lo que se desea realmente, es básico para poder acceder a una elección satisfactoria, transformarse de sujetos alienados a sujetos reflexivos, capaces de analizar sus decisiones, saber es poder, en la medida que se sabe más de sí mismo se puede elegir mejor, y tener el poder de hacer de la vida un acto de creación en vez de ser un acto de reproducción.
                                            Eduardo Contreras Merino.
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miércoles, 11 de enero de 2017

El tinder y las formas postmodernas de búsqueda de pareja.

A lo largo de la historia han existido distintas estructuras de comportamiento en relación a la búsqueda de pareja,  desde el oikos griego,  el amor cortes, por poner unos ejemplos. Cada una de estas construcciones reflejaba una forma de subjetividad, reflejaba la estructura moral dominante, se daban en un contexto socioeconómico en específico.
Las nuevas formas de búsqueda de pareja no están exentas de estos atravesamientos, en esta ocasión me dedicare a analizar una aplicación que está generando mucho revuelo en distintos medios sociales, el tinder.
El tinder se presenta a sí misma como una aplicación que permite conocer a personas en base a una atracción mutua,  su forma de funcionamiento es simple, colocamos una media de kilómetros a la redonda de nuestra ubicación y se nos presentan una serie de perfiles de personas las cuales pueden escribir una breve descripción de sí mismas, sus intereses y expectativas,  y colocar fotos, podemos entonces darles me gusta al perfil o rechazarlo, cuando ambas personas se dieron me gusta se abre una venta de compatibilidad y la posibilidad de un chat para escribirse mutuamente.
Lo primero que se hace evidente es que una gran cantidad de personas eligen no colocar ninguna descripción de si, el lenguaje brilla por su ausencia, encontramos fotos y fotos pero sin ninguna referencia a esas personas, aquí se puede notar de forma muy clara el patrón de alienación del sujeto a la imagen.
Vivimos en una época en donde el lenguaje cada vez pierde su capacidad de sentido, la gente habla mucho pero las palabras pierden su poder de significación, en la aplicación vemos algo incluso más extremo, la ausencia de lenguaje, apela a la lógica de que la imagen dice más que las palabras y a su vez nos marca una estructura ideológica muy clara, la atracción se produce a partir de la imagen y no de lo simbólico, se privilegia el registro imaginario de la experiencia humana dejando de lado la simbolización.
En la aplicación también es muy común encontrar fotos de personas en parís, en la estatua de la libertad, en la playa, ¿Pero eso que nos intenta decir? ¿Busca transmitir algo o es un mero ejercicio de goce narcisista? Responderé a esto más adelante, ahora me centrare en mostrar cómo es que se empieza a dejar claro que la aplicación refleja las estructuras sociales y subjetivas dominantes de la época, sobre todo en lo referente a lo que es atractivo o repulsivo en una sociedad.
Tinder funciona a partir de un algoritmo pero nunca explican cómo funciona ese algoritmo, algo comprensible ya que de hacerlo evidente perderían una gran cantidad de registros en la aplicación. El algoritmo se basa en la popularidad y genera distintos subgrupos dentro de la red, esto se puede aterrizar de forma muy simple, imaginemos que una persona se registra en la aplicación,  en función de los likes que su perfil reciba se le asignara a un grupo, los atractivos, los medianamente atractivos y los poco atractivos.
Esto en esencia no tendría que ser un problema, es parte de la dinámica social, el problema viene cuando se generan formas de exclusión. Tinder genera una estructura para que los atractivos solo se relacionen con los atractivos, los medianos con los medianos y los de baja atracción con sus similares.
¿Cómo hace esto? De una forma muy simple, tinder nos dice que nuestro perfil le aparece a todo el mundo  lo cual es una gran mentira, el perfil de la persona aparece solo en tu grupo en cual te han colocado, no le aparece a los usuarios más populares. La lógica diría que esto sería a la inversa también, es decir, que los perfiles de usuarios populares no aparecerían a los de perfil más bajo, pero no, los perfiles de usuarios populares si aparecen a los de otros grupos por lo cual las posibilidades de match se reducen significativamente pero a su vez permiten que se sigan consolidando usuarios con muchos likes.
Esto se puede simplificar de forma muy simple, un usuario de perfil medio o bajo puede darle like a múltiples usuarios de perfil alto, pero este usuario de perfil alto jamás vera su perfil, reduciendo así su posibilidad de interacción y generando una estructura de exclusión y de control social.
La aplicación genera así un control sobre quien se empareja con quien, construyendo una forma de homogenización de los criterios y del funcionamiento de la red, en base a una estructura social que la precede, es decir replica las formas que están presentes en la sociedad en la aplicación.
Esto lleva a preguntarnos ¿Qué hace que algunos usuarios sean más atractivos que otros? ¿Qué es lo que se considera atractivo, deseable en nuestra sociedad? Existen varias respuestas a esto, aquí englobare solo dos aspectos principales:
A)   La apariencia física. Vivimos en una sociedad en donde se le da una gran importancia a la apariencia física, esto no es nada nuevo se ha presentado a lo largo de toda la historia, lo que enrarece el asunto es que una gran cantidad de personas tienen gustos estéticos creados, producidos por discursos de saber-poder que determinan lo que es bello y lo que es feo en nuestra sociedad.
En el contexto del país dentro del cual estoy inmerso que es México, hay una marcada predilección por lo blanco, ser blanco en este país es llevar una gran ventaja en múltiples cosas, se construye un ideal estético que mitifica la tez clara y segrega a las demás, el gusto estético por lo blanco es en el fondo una forma de expresar inconscientemente un pensamiento eugenésico en donde se ubica lo blanco como la pureza de la raza humana, el ideal perfecto y los demás colores como formas mutadas, imperfectas, productos defectuosos de la humanidad.
El color no es el único aspecto creado por estos discursos de poder, también encontramos toda una estética de la dimensión corporal, el cuerpo atravesado por una serie de discursos que dictan lo que es la belleza, en las mujeres y hombres encontramos modelos de identificación muy claros pero a la vez inalcanzables, en los medios de comunicación nos bombardean constantemente con respecto como cuidar el cuerpo, como ser más atractivos, como modificar nuestro cuerpo, incluso algunos llegan a modificarlo quirúrgicamente en pos de encajar en los estándares sociales.
En tinder se ve claramente estos aspectos, al ser una plataforma que privilegia la imagen a lo simbólico es de esperar que lo atractivo sea el cuerpo, el rostro, los músculos, caderas, pechos, encontramos una enajenación del cuerpo con el ser. Se produce una fragmentación, donde solo hay un cuerpo y el ser deja de interesar, emergen una serie de imágenes en masa, cuerpos desprovistos de sentido existencial.
B)   El nivel socioeconómico. Anteriormente en el texto lanzaba la pregunta sobre el sentido de poner fotos en parís, en playas, yates, cuestionando sobre si se trataba de transmitir algo con eso o era meramente un ejercicio narcista. La respuesta podría ser que ambas hipótesis son ciertas, por un lado se busca enviar un mensaje muy claro en lo referente al nivel socioeconómico de quien las publica, de forma inconsciente y velada en esta sociedad el nivel socioeconómico marca de forma muy clara el nivel de atracción de una persona. En un mundo donde ser es tener, quien tiene más es más,  quien tiene más es más atractivo, tinder refleja de forma muy clara este aspecto de la sociedad, lo importante es a que lugares has ido, donde te diviertes, que auto conduces, importa poco quien eres, que te gusta, cuál es tu forma de percibir el mundo.
Por otro lado también es un ejercicio narcista, una forma de distinguirse de los demás, de generar una jerarquía, una superioridad, la plataforma no está diseñada para generar diferencias intelectuales, ideológicas, solo da la posibilidad de hacerlo tanto en lo físico como en lo socioeconómico.

Después de esta análisis y manera de conclusión me aventuraría a decir que el Tinder es un reflejo de la búsqueda de pareja en nuestra sociedad, una sociedad que se basa en la apariencia en lo económico, una sociedad que busca el placer instantáneo, parcial, el amor pasa a segundo término, la aplicación se vuelve un mercado de carne y dinero, en donde los integrantes se ofertan al mejor postor.
Aquí surge una pregunta, ¿Qué hacer ante eso? La respuesta está en la exigencia de una búsqueda de espacios que retomen el lado humano, buscar rechazar estas aplicaciones que buscan colocarnos solo como cuerpos, que buscan reducir la experiencia humana a una imagen, ser sujeto implica asumirnos como una complejidad, ver la existencia como algo más que meras ratificaciones parciales, como algo más que ser por medio de nuestras posesiones, de nuestros cuerpos. La posibilidad de interacción real no está en una pantalla, no está en estas aplicaciones que nos dan la falsa idea de que estamos eligiendo, la posibilidad está en la exterioridad, en salir, vivir, expresarse, el encuentro con el otro no se da en la comodidad de nuestra sala frente a una pantalla, el encuentro está afuera, en el mundo real, no en el virtual.
Estas aplicaciones se aprovechan del miedo a la soledad, del miedo al rechazo, del miedo a la interacción, pero retomando a los existencialistas, al final estamos solos, hay que aprender a vivir con eso, el otro solo nos acompaña, quien no sabe vivir en soledad no sabrá nunca coexistir con otro, disfrutar la compañía, solo generara dependencias.


Eduardo Contreras Merino.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

¿Qué es el estado de derecho?

Es muy común que encontremos en diversos medios el uso constante de la frase “estado de derecho”,  es mencionado en programas de televisión,  los políticos lo utilizan como una jerga recurrente pero,  ¿a que se refieren cuando hablan del estado de derecho?
El sentido que comúnmente se utiliza para definir el estado de derecho es el de un estado jurídico-político que facilita la implementación de ciertos mecanismos de gobernabilidad que intentare resumir en 3 puntos.
A)    La instauración de un aparato jurídico que este basado en un sistema de equidad que facilite la imparcialidad en la  aplicación del marco jurídico, garantizando así el acceso a la impartición de justicia para todos los ciudadanos independientemente de su situación económica, de género, preferencia sexual,  de raza,  evitando así los abusos de poder de las clases dominantes o mayoritarias con respecto a las inferiores o minoritarias.
B)   La construcción de mecanismos que permitan el respeto de las garantías individuales, comúnmente llamados derechos humanos. Principalmente en lo que respecta al uso de la violencia sobre sus ciudadanos, es decir, que el uso de los medios de violencia del aparato de estado adquieran un matiz de legitimidad social y no a la inversa, que se vuelvan un método de represión de los gobernados.
C)   La creación de un estado de policía que permita la implementación de la ley acompañado de un sistema jurídico que permita la impartición de justicia y se evite la impunidad de aquellos que violentan el contrato social dictado por las leyes.
En esencia y de forma muy resumida se podría decir que estos 3 puntos engloban la forma en la que se concibe el concepto de estado de derecho, ¿pero esto realmente es así? O como plantearía Foucault es solo un discurso de poder-saber que  ha adquirido la noción de verdad.
En su seminario “El nacimiento de la biopolitica” Michel Foucault nos da una versión diferente de lo que es el estado de derecho, ubicando como a finales de 1940, en el contexto de la postguerra se inicia  la construcción de los estados modernos a partir de la vertiente del liberalismo y su posterior evolución al neoliberalismo.
En primer lugar Foucault plantea que efectivamente el estado de derecho se encuentra en relación a los marcos jurídicos-políticos y a las estrategias de gobernabilidad, pero no en torno a la creación de un estado facilitador del bienestar de sus ciudadanos, sino con otros intereses diametralmente opuestos a la concepción oficial de lo que es el estado de derecho. Estos intereses se pueden definir a partir de dos aspectos específicos:
A)   La creación de un estado que permita la implantación de lo que Foucault denomina “La razón del mercado” es decir, un estado que facilite la consolidación de la teoría del libre mercado como una verdad universal. Esto implica una transformación de las sociedades occidentales, se construye lo que se denomina la política de marco, una política que busca transformar a los ciudadanos así como sus marcos contextuales, producir sujetos aptos para la implementación de las teorías del libre mercado, transformar su estructura del deseo para volverlos aptos para el consumo, en esencia se busca adaptar a la sociedad y construir un nuevo tipo de sujeto que admita como verdad incuestionable el discurso del libre mercado.
B)   En segundo lugar se busca generar un marco jurídico que posibilite la acción de las empresas y el libre flujo del capital, disminuir los marcos de regulación gubernamentales con respecto al capital, se construyen nuevas políticas laborales, cambios en las leyes de los usos de suelo, nuevas leyes ambientales, de soberanía. Todo esto  apelando a la autorregulación del capital, legitimándolo en un marco ideológico que genera la idea de una naturalidad de esa estructura. Se plantea el libre mercado como algo natural, deseable, que tiene sus propias reglas, estrategias y cuya regulación por parte del estado se presenta como una traba para el progreso de una sociedad dada.
Estos dos aspectos tienen repercusiones evidentes en las sociedades occidentales, esta reconstrucción de las poblaciones se realiza a partir de técnicas específicas de ejercicio de poder, tales como la disciplina, la manipulación mediática, la propaganda, la remodelación de los espacios físicos, de las dinámicas de los grupos en una sociedad.
Se aplican un conjunto de saberes que producen el sujeto moderno, un sujeto que se aleja del cogito ergo sum, para pasar a un estado de irreflexión, se aliena ante el discurso del libre mercado volviéndolo un autómata consumista y dócil ante los distintos marcos de regulación que el capital impone a la sociedad.
Se produce una sociedad basada en el modelo de la empresa, estos cambios se ejecutan desde aspectos micros políticos como las familias, hasta macros como una población entera, aparecen sociedades jerárquicas, uniformadas, sujetos alienados en su pensamiento y deseo a la ideología capitalista.
Cuando comparamos estas dos formas de pensar el estado de derecho resulta evidente que la primera intenta transmitir una versión idealizada, romántica, utópica del estado, que pone el bienestar de sus ciudadanos antes que el interés económico.
La segunda visión nos deja ver un panorama oscuro, nos mostraría como el estado de derecho en esencia es solo una forma de gobernar en beneficio del capital, esto se traduciría en una sociedad que está organizada para el beneficio de unos cuantos en pos del bienestar de ciertas clases dominantes.
Si se analiza la mayoría de las sociedades occidentales, se puede ubicar como muchos de estos aspectos que Foucault refiere están más que presentes, el libre mercado tiene el control de los gobiernos, se ha desatado un monstruo de mil cabezas que devora todo a su paso, generando una desigualdad social como pocas veces se ha visto en la historia, una mayoritaria acumulación del capital en manos de unos cuantos, dejando evidente que el capital no puede auto regularse, que son cada vez más necesarias la implementación de mecanismos de regulación a las empresas-
Queda claro que el estado neoliberalista ha sido un fracaso, y una posibilidad de contrapeso radica en dejar de ver al estado de derecho desde esa perspectiva falsa, empezar a hacer un proceso de resignificacion que permita verlo en su desnudes, como un mero aparato de gobierno que favorece a las clases dominantes a costa de la carencia de la mayoría de la población.
El estado de derecho es un estado jurídico sí, pero cuyo marco está en función de brindarle al capital libre acción y ya hemos constatado los efectos que la libre acción del capital tiene. Es absolutamente necesario una exigencia a los aparatos estatales de que hagan realidad esa visión que tanto pregonan pero el primer paso está en la aplicación del marco jurídico al capital. Mientras no existan estados que frenen la depredación del libre mercado, seguiremos viviendo en este mundo neofeudalista en donde las empresas se operan como pequeños feudos sin límites, acumulando la riqueza y violentando los derechos de la gran mayoría de los ciudadanos.

Eduardo Contreras Merino.

martes, 9 de agosto de 2016

Funcionamiento y posibles formas de resistencia a los discursos de saber poder en torno a la salud mental.

Comúnmente nos encontramos en los medios de comunicación masiva a múltiples “expertos” del comportamiento humano, que enuncian discursos muy específicos sobre lo que son los modos de vida saludables y patológicos en la experiencia humana.
En su discurso nos encontramos con términos como relaciones sanas, salud mental, vida sexual plena; desarrollan manuales de cómo relacionarse con otros saludablemente, cómo comer saludablemente, cómo tener una vida sexual saludable.
Estos discursos establecen criterios muy específicos con respecto a los límites entre la salud y la enfermedad, hasta donde lo celos són sanos y cuando ya es una enfermedad, cuando se tienen relaciones sexuales sanas y en qué punto ya es un problema sexual.
Es en este aspecto donde iniciare la problematización. La abordare desde un eje que podría llamar de legitimidad. ¿Qué legitima a estos discursos a enunciarse como portadores de una verdad sobre el sujeto?
Para responder a esto habría que poner sobre la mesa algunos antecedentes históricos y situarnos a finales del siglo XIX en Europa. Con la producción del liberalismo y la transformación de la filosofía occidental, en Europa se generó un auge de disciplinas que buscaban describir la verdad del sujeto desde diversos enfoques, desde su cuerpo, (la medicina y sus variantes), desde su comportamiento (la psiquiatría, la psicología, la criminología), etc.
A diferencia de otros momentos en la historia del pensamiento filosófico o epistemológico, aquí la producción de discursos de saber tenía una lógica muy distinta. Estos discursos querían saber más del sujeto para poder ejercer poder sobre ellos de formas más eficientes y sistemáticas.
Con la muerte de dios enunciada por Nietzsche, el lugar de la verdad absoluta y de lo sagrado quedo vacío. El discurso positivista con el paso del tiempo logro tomar su lugar, adjudicándose el lugar de productor de discursos de verdad. Se generó una dogmatización de los discursos científicos transformándose en un nuevo culto a la ciencia.
Este nuevo culto se propago rápidamente por toda Europa y a nivel mundial. La denominada ciencia comenzó a apoderarse de todos los dominios de la experiencia humana, con la finalidad de controlar el hacer, el pensar, el sentir y el desear de los sujetos.
Michel Foucault explica en muchos momentos de su obra, como existe una estrecha relación del saber con el poder. El saber construye relaciones asimétricas para con los que no saben, produciendo que por medio de un conjunto de estrategias y técnicas se logre que el otro actué de una determinada forma esperada.
Otro de los espacios en donde se desarrollaron estos discursos de verdad fue en la denominada “Salud Mental”, teniendo a la psiquiatría y la psicología como principales exponentes, construyendo una verdad sobre la locura y la salud.
Estas disciplinas produjeron objetos de estudio, trastornos de la personalidad, trastornos del desarrollo, trastornos sexuales; la locura pasó de ser una experiencia humana a ser una enfermedad mental.
El sujeto enfermo mental se coloca como alguien que hay que rehabilitar, curar y en caso de que su curación falle, hay que encerrarlo. La sociedad no tiene un lugar para él. Hay que recluirlo creando los manicomios y los grandes hospitales psiquiátricos, como el espacio idóneo para ello.
Estos discursos pasan a sustituir a los juicios morales. Ante la imposibilidad de enunciar los comportamientos en base al bien o al mal, se realiza un desplazamiento dialéctico, las nuevas estrategias de enjuiciamiento se establecerán con base en lo sano y lo patológico. Ya no se hablara más de sujetos buenos o malos, se hablara de sujetos enfermos o sujetos sanos, la maldad y la bondad serán vistas como huellas arcaicas de un pasado mágico absurdo.
El psiquiatra se coloca como el heredero del poder pastoral, el sustituto moderno del confesor que fuerza al sujeto a desvelar la verdad sobre sí, sobre sus deseos, sobre su cuerpo, sobre sus pensamientos, para aplicarle las correcciones necesarias con la finalidad de volverlo un sujeto funcional socialmente, adaptado a su entorno y las regulaciones que este le impone.
Tomando en cuenta esto, se puede responder a la pregunta de la legitimidad de los saberes proponiendo la hipótesis de que lo que proporciona la legitimidad a un discurso no es su construcción epistemológica ni la solidez de su argumentación, sino algunos puntos principales que describiré a continuación:
1.- El lugar de enunciación del discurso.
Todo discurso se produce desde un lugar y se enuncia desde la representación de ese lugar. Tomemos como ejemplo a un psiquiatra que aparece en un programa de televisión diciendo que todos aquellos que duermen más de 8 horas diarias tienen depresión, ¿desde dónde argumenta eso?
Para que este argumento se establezca como discurso de verdad el psiquiatra apela, no a su lugar de sujeto, enuncia su discurso desde el positivismo, argumenta lanzando datos de estudios realizados en alguna universidad, análisis estadísticos en un grupo poblacional, apela a teorías genéticas, todo con la finalidad de desmarcar su subjetividad de su argumento.
La legitimidad se encuentra basada en la lógica positivista que considera lo verdadero como aquello que es susceptible de observarse, medirse, describirse, analizarse. Las matemáticas y la medicina han sido los ejemplos más claros del positivismo llevado a su máxima potencia.
Complementario a esto, se juega desde lugar de sujeto portador de saber, al presentar al psiquiatra en el programa de televisión, nos describen claramente que ha estudiado una carrera universitaria, una maestría, un doctorado, apela a legitimidad institucional, al tener reconocimientos oficiales; su saber queda avalado, reconocido, se coloca como un “especialista en el área”, alguien que sabe de lo que habla. Esto produce la asimetría descrita con anterioridad, es alguien que sabe enunciando un discurso ante quienes no saben, produciendo así la situación idónea para el ejercicio de poder.
2.- La forma de enunciación del discurso.
El segundo aspecto a tomar en cuenta es la forma en la cual está construido el discurso de saber enunciado. Todo discurso de saber tiene que estar en relación a las terminologías históricas de un momento en particular.
Esto se puede ejemplificar de una forma muy clara, antes del siglo XIX el discurso médico incluía en sus términos sobre las enfermedades, los humores, la dietética, los caracteres sanguíneos, los líquidos dañinos, los vapores malsanos.
A partir del siglo XIX estas nomenclaturas desaparecieron dando lugar a los virus, las bacterias, infecciones, tumores. Cualquier médico respetable comenzó abandonar esta forma alquímica de ejercer y comprender la medicina para darle paso a este nuevo discurso de verdad.
Estas nuevas formas de explicar lo patológico suponían una trasformación en el comportamiento del sujeto. Se empezó a poner más atención a la higiene, esto obligaba al sujeto a hacer hincapié en las formas de preparar sus alimentos, de conservarlos, la forma de consumirlos, transformó su relación con su cuerpo, con la limpieza, con su aseo.
Sé puede decir entonces que los regímenes de veridicción són históricos, están construidos en base a la intensidad de las fuerzas discursivas que disputan constantemente el lugar de verdad, las fuerzas dominantes institucionalizan los discursos, adjudicándose la verdad y produciendo nuevos sujetos de estudio.
3.- La utilidad del discurso de saber.
Todo discurso que se institucionaliza como portador de una verdad, obedece a una serie de intereses colocados en ellos Tomemos como ejemplo el discurso psiquiátrico. Su forma de operar es simple, por una lado describe de forma amplia y basta, el catálogo de comportamientos patológicos que varían en su intensidad.
Por otro lado describe las formas de rehabilitación recomendadas para cada trastorno en particular, la vía privilegiada de atención se basa en la medicalización del sujeto, se podría argumentar que no hay ningún problema en esto, que los médicos solo tratan de brindarles salud a los sujetos, que el interés fundamental está en el bienestar del sujeto, ¿Pero esto es realmente así?
Para responder a eso se puede pensar en algunos puntos que harían dudar de estas intenciones ‘bondadosas’ por parte de los psiquiatras. Empecemos por el más visible, la relación de los discursos psiquiátricos con las empresas farmacéuticas productoras de medicamentos.
La industria médica obtiene ganancias multimillonarias cada año por la venta de medicamentos psiquiátricos. Cada día crece el número de consumidores de medicamentos en el mundo, un crecimiento que está en una estrecha relación con la patologización de la vida cotidiana del sujeto.
Con cada actualización del DSM se incrementan los trastornos que están ligados a la cotidianidad del sujeto, se patologiza su forma de amar, de beber, de comer, de tener relaciones sexuales, de pensar; de tal forma que el número de sujetos normales y sanos es cada vez menor, la venta de medicamentos aumenta pero la recuperación de los sujetos no. Se les condena en muchos casos a consumir medicamentos de por vida.
Michel Foucault denomina a esto el biopoder. La psiquiatría juega un papel clave en la implementación de las estrategias del biopoder. Controlando los comportamientos del sujeto se puede controlar su vida y su eficacia se logra a partir de su invisibilidad. Ya estamos lejos de ese poder del soberano que mediante decretos controlaba la vida de sus súbditos. El biopoder actúa desde las sombras haciendo pensar al sujeto que está actuando libremente, que es su deseo de estar saludable lo que lo conduce a la antesala del psiquiatría, cuando en realidad son la exposición constante que sufre a estos discursos, así como su miedo a la exclusión social, los motivos que originan su búsqueda de atención.
La medicalización tiene por un lado un interés económico pero por otro lado tiene un interés regulatorio. Se busca darle un lugar a cada sujeto, establecer estadísticas definidas sobre los comportamientos de una población dada para poder ejercer estrategias de poder sobre ellos, lo cual ,en términos simples se definiría como conocerlos mejor para poder controlarlos mejor.
¿Cómo escapar a estas formas de control? ¿Cómo evitar quedar atrapado en estos saberes? La respuesta no es fácil, pero se podrían establecer algunos puntos que pudieran servir como pautas iniciales para desmarcarse de estas formas de saber-poder:
1.- La problematización de lo que parece evidente.
Lo propio de estos discursos de saber y su efectividad se sostienen a partir de su enunciación. Se enuncian como verdades evidentes y fuera de discusión. Es en este lugar donde el pensamiento crítico puede posibilitar una alternativa. Es importante cuestionar y problematizar estas verdades evidentes, analizar de donde proceden estos discursos, que condiciones históricas, económicas y políticas están detrás de ellos. Analizar cuál ha sido el proceso de veridicción que los ha llevado a ser institucionalizados. Al hacer esto, el saber queda desnudado, se logran evidenciar las estrategias de poder, pudiendo así denunciarlas y ejercer formas de resistencia a ellas.
2.- La disolución de los lugares de saber.
Como explique con anterioridad estos discursos se legitiman a partir de su lugar de enunciación. Esto va desde los métodos epistemológicos, así como desde el asumirse como un sujeto que sabe. Una alternativa es ir disolviendo estos lugares de saber, el psiquiatra o psicólogo que acude a un programa de televisión no sabe más de lo que el propio sujeto conoce de sí mismo.
La apuesta se jugaría desde dos vías: por un lado implica una inversión dialéctica, descolocar del lugar del saber a estos “especialistas” para darle el lugar del saber al sujeto. Sólo el sujeto sabe de su deseo, de sus pasiones, por tanto sólo él puede tener la posibilidad de elegir; la posibilitación de la elección en el sujeto, permite negativizar los efectos de estos discursos de saber.
Por otro lado al fortalecer la libre elección de los sujetos, se evidencia las formas homogenizantes que estos discursos producen, las técnicas por las cuales producen sujetos en masa, alienados subjetivamente. La apuesta buscaría producir nuevas formas de subjetivación no basadas en un saber externo sino retomando esta “inquietud de si”.
3.- El fortalecimiento del conocimiento de sí en el sujeto.
La fuerza de estos discursos procede de la inutilización de las habilidades de los sujetos para pensarse a sí mismos. Estos saberes los definen, los alienan. Al estar enajenados de sí mismos se identifican en estas propuestas discursivas, se reconocen como enfermos, como trabajadores, y viven su vida en relación a su trastorno o a su lugar social.
La propuesta está en producir nuevos espacios en donde se puedan problematizar y discutir estas verdades evidentes, pero a la par, producir espacios en donde el sujeto pueda pensarse y reflexionar sobre sí mismo, espacios en donde la relación del sujeto consigo mismo no se establezca por mediación de un discurso externo, si no de su propio discurso. En devolver al sujeto su relación para con la verdad sobre sí, una verdad producto de un proceso de reflexión y análisis y no de un proceso de alienación.
Hasta aquí quedaría está reflexión, dejando abierta la problematización del tema y la discusión de algunas otras estrategias de resistencia y de oposición a estos discursos de poder. Un tema que es difícil agotar en unas cuantas líneas pero que sin duda es importante reflexionar.
Eduardo Contreras Merino.