Espacio en donde se abordaran temas como el psicoanálisis y la filosofía así como temas de actualidad con respecto a nuestra sociedad
viernes, 2 de febrero de 2018
jueves, 28 de diciembre de 2017
La explotación del miedo como forma de ejercicio de poder y de dominación.
El terror forma parte intrínseca de
los sujetos, es una emoción que se
alimenta de otra que es la del miedo, desde los inicios de la historia se
encuentran sinnúmero de ejemplos de situaciones terroríficas para los humanos,
el miedo produce mucha angustia la cual a su vez produce que el sujeto se
inserte en un estado alterado de conciencia de y su percepción de la realidad
cambie, se retuerza y se vuelva muy complicado que tome las mejores decisiones.
Para iniciar esta reflexión habría que
partir por una pregunta clave, ¿Qué es lo que nos produce terror como sujetos?
Para responder a esto habría que analizar las mecánicas del terror que están
presentes en múltiples formas culturales dentro de nuestra sociedad, podríamos identificar dos fuentes claras de
miedo y angustia en los sujetos.
En primer lugar está el miedo a lo
desconocido, un miedo a lo que el sujeto no puede explicar, aquello que no
conoce, este miedo se encuentra
articulado directamente con el saber, a mayor desconocimiento de la
realidad, a mayor desconocimiento del mundo se potenciara el miedo, aunque no podemos llegar a conocerlo todo,
siempre existirán áreas de desconocimiento sobre nuestra experiencia humana,
por ende el miedo a lo desconocido será algo que estará presente siempre en
nuestra vida.
La segunda fuente de miedo en los
humanos radica en el miedo a lo conocido pero que se puede salir de control,
aquello que se conoce, que se tiene una explicación pero que se considera algo
volátil, algo difícil de controlar y que
fácilmente puede tornarse en contra de nosotros.
Para combatir estos miedos el hombre
se ha buscado refugiar en dos sistemas ideológicos como forma de calmar su
angustia, por un lado en la religión
como forma de acallar aquello que no puede explicar atribuyéndoselo a una
voluntad divina, a una inteligencia o poder superior e inentendible.
Por otro lado construyo la ciencia
como forma de lograr un conocimiento de
aquellos fenómenos presentes en su experiencia, la ciencia opera así como una
forma de calmar la angustia del sujeto construyendo verdades universales y a
partir de finales del siglo 19 comienza a construirse como el principal discurso
productor de verdad, el cual define lo que es real o imaginario, lo que es
verdadero o falso, brindándole al sujeto
una calma artificial sobre muchos eventos de su vida.
Ambos discursos han apelado a brindar
un espacio de seguridad en el sujeto, apelan a calmar la angustia pero como
todo sistema ideológico, acaban produciendo sistemas de control y dominación a
partir de la enunciación de sus verdades universales e incuestionables.
Pensemos por ejemplo en el periodo
histórico en donde la iglesia domino y controlo la forma de vivir de los
sujetos, construyendo todo un aparato de vigilancia y de encauzamiento que
Michel Foucault denomino como poder pastoral, esta forma de guiar la conciencia
de los sujetos, en un primero momento únicamente a partir de un discurso
ideológico pero que poco a poco se transformo en instituciones de control de
vigilancia como la inquisición.
Es fácil caer en la tentación de
realizar un análisis simple y pensar que este dominio se articulo
principalmente por la fuerza de las instituciones religiosas que exterminaban a
aquellos que no seguían sus preceptos o cuestionaban sus verdades universales,
pero hagamos un análisis más profundo y pensemos, ¿Cómo obtuvo la iglesia esa
capacidad de ejercer poder y dominación?
La respuesta a esta pregunta es
simple, obtuvo esa capacidad de ejercer poder porque el sujeto hizo una
renuncia a su ejercicio de poder por miedo, uno de los temas recurrentes con
los que el humano tiene que vivir su existencia es la muerte, el fin de su
existencia, ante este terror y angustia creo la religión, creo sus preceptos
religiosos, sus leyes, sus verdades, su forma de vivir, de pensar, con la
promesa de una continuación de la existencia, con la promesa de que la muerte
no es el fin de todo, con el deseo de
trascendencia.
La creación de estas formas ideológicas
fue el triunfo del miedo ante la posibilidad de soportar la angustia, este
miedo a la muerte, a la locura, a la enfermedad, es lo que lleva siempre a los
sujetos a renunciar a su poder, a su libertad con tal de tener certezas que le
permitan tener seguridad, una cierta certeza aunque sea artificial.
Encontramos así una dialéctica muy
clara entre el miedo y la seguridad, entre el
miedo y el control, el sujeto está dispuesto en la mayoría de las
ocasiones a ceder su libertad con tal de una promesa de seguridad, de
tranquilidad, esto no es algo que pasara desapercibido por ciertas clases
dominantes para construir determinadas estrategias de ejercicio de poder y
dominación, el terror pasa a ser así una forma muy clara de ejercer control
sobre una población, el terror se vuelve una herramienta clara y muy efectiva
de ejercer poder en las sociedades modernas.
Estas estrategias de poder explotan
esos dos miedos fundamentales, pero los transforman, les dan formas
especificas, crean miedos concretos, el miedo a lo desconocido se transforma en
el miedo a la otredad, en el miedo al otro desconocido, a aquel que se comporta
diferente, que piensa diferente, pasa a ser una amenaza, un enemigo al cual hay
que exterminar, esto legitimo durante mucho tiempo y sigue legitimando el
imperialismo, se construyen discursos de terror que buscan producir que el
sujeto acepte medidas inaceptables como forma de cuidar su seguridad, su
estabilidad, su comodidad.
Ejemplos de esto sobran, el más actual
está en la forma en la que se ha estigmatizado la figura del musulman,
colocando como el enemigo número uno de la libertad mundial, como un monstruo
cuyas ideas arcaicas lo llevan a ser extremista, a tener una visión del mundo
errónea, absurda, falsa, y que por ende
es un enemigo al cual hay que exterminar e imponerle la verdad ya que de no
hacerlo se corre el riesgo de ser exterminado, de ser aniquilado, de ser
vulnerado en la comodidad y cotidianidad de nuestras vidas.
Pensemos en la figura del criminal, un
sujeto construido por discursos de saber poder, y que tiene un uso muy claro
para la legitimación de mecanismos de vigilancia y control en una sociedad, ¿si
no existieran los criminales para que necesitaríamos a los policías? El miedo
depositado en la figura del criminal es lo que da la posibilidad del
establecimiento de estas medidas de control dan lugar a la construcción de
instituciones encargadas de la administración de los miedos de la población,
encontramos así las iglesias, policía, el ejercito, los manicomios, cárceles,
instituciones que poco a poco van quitando partes de la libertad del sujeto, lo
van vigilando mas y controlando más, hasta llegar a instituirse como la forma
adecuada y buena de vivir, actualmente
para una gran mayoría de personas, sería impensable la idea de una sociedad sin
policía, la percepción es que a mayor número de policías la seguridad es mayor,
sin darse cuenta que la figura del policía en esencia es un fracaso en el
control de sus miedos, es el fracaso de hacerse cargo de su seguridad, de asumir
su libertad.
Encontramos entonces un proceso claro
del cual se sirven las estrategias de ejercicio de poder, en primer lugar está
el conocer al sujeto, sus miedos, segundo paso es el de construir discursos de
verdad que intenten darle tranquilidad al sujeto, tercer paso, construir
figuras que encarnen esos miedos para generar un estado de angustia y de miedo
en la población, por ultimo producir instituciones encargadas de el combate a
esas figuras amenazantes como forma de garantizar la seguridad de la población.
Cada uno de estos pasos tiene su
sistema de reglas, su forma de operar, un juego de permisiones y prohibiciones
que van minando la capacidad de construir un criterio propio en el sujeto,
analicemos brevemente esto.
Una vez que se identifican los miedos
de una población comienza la construcción de los discursos de verdad, estos van
modificándose históricamente y a partir del contexto donde son producidos, se
genera un esquema discursivo en donde que se ha articulado de distintas formas,
lo bueno y lo malo, la salud enfermedad, lo normal y lo anormal, lo legal o
ilegal, estos discursos se traducen en formas de comportamientos aceptables e
inaceptables por parte de los sujetos, nos encontramos así con los fieles y los
pecadores, los cuerdos y los locos, los ciudadanos y los criminales, etiquetas
determinadas por su forma de vivir pero que están determinadas por intereses de
las distintas clases dominantes. Una vez instauradas estas selecciones se inicia
la operacion de las instituciones creadas para la administración de estos
sujetos, instituciones legitimadas para matar, encerrar, medicar, rehabilitar a
ese anormal, el sujeto tiene así dos opciones, comportarse acorde a lo que todo
este aparato le recomienda hacerlo o transgredir estos sistemas asumiendo la
consecuencia que implica, se reduce a
autodeterminarse y pagar el precio del castigo, o obedecer y tener tranquilidad
y seguridad.
Entramos entonces al punto álgido de
la reflexión, y que se traduce en una pregunta muy clara, ¿Qué preferimos? ¿Seguridad a cambio de perder libertades o
libertades a cambio de perder seguridad?
El principal problema aquí radica en
que la mayoría de los sujetos ni siquiera acceden a plantearse esta pregunta,
para ellos el mundo es así, lo ubican como el orden natural, no se plantean la
posibilidad de que es su miedo lo que produce esta organización social, los
miedos producen monstruos, cada uno es libre de elegir seguridad o aprender a
vivir con miedo, es una elección que no está en cuestionamiento, lo que sí se
puede cuestionar es la forma de nombrar esa elección, es aprender a nombrar las
cosas como realmente, son, comenzare cuestionando la idea de seguridad.
La seguridad se plantea normalmente
como una forma de reducir los riesgos, como una forma de control sobre los posibles
accidentes de la vida, la prevención de circunstancias desagradables para el
sujeto. Esto llevaría a una pregunta clave, ¿todos los riesgos son malos?
Pensemos por ejemplo en un sujeto que
trabaja en una corporación la cual le brinda un sueldo mensual, esto en
apariencia le provee seguridad, le provee una constancia de flujo de dinero, le
permite hacer planes, tener cierta estabilidad económica, esto lleva al sujeto a desarrollar una
dependencia de ese empleo, una dependencia de esa estabilidad, a construir la
ilusión de seguridad. Esta idea no sería posible sin su contraparte, los
discursos que constantemente le hablan de la inestabilidad económica, de la
gente que está en pobreza, de la gente sin empleo, esto construye miedo, este
miedo hará que acepte reducciones de sueldo, incremento de sus jornadas de
trabajo, malos tratos, ser explotado, con tal de no perder su empleo.
Aquí el riesgo se traduce en algo muy
simple, no tolerar la explotación con la consecuencia de perder el empleo y
esta seudoseguridad o la de mantener la fantasía de seguridad y renunciar a sus
derechos y como hemos comprobado, gana la segunda opción en la mayoría de los
casos, el miedo triunfa, el miedo al desempleo, a la muerte, a la locura, a la
perdida, somos una sociedad miedosa, cobarde, que se atemoriza ante las
consecuencias de vivir.
Esto es lo cuestionable, no es malo
tener miedo, es algo lógico, el miedo nos ayuda a protegernos, a cuidarnos,
pero cuando dejamos que el miedo nos domine perdemos autonomía, ser libre
implica a aprender a vivir con ese miedo, con la angustia de que no existen
certezas en este mundo, aprender a vivir con la idea de que somos sujetos
finitos por ende moriremos, que vivir implica arriesgar, que el riesgo es la
única forma de aspirar a un cambio, que la pérdida es parte inevitable de la
vida, hacer implica siempre una perdida, elegir implica perder posibilidades
pero esa es nuestra tragedia humana, esa es nuestra existencia.
Ningún discurso, ninguna institución
puede protegernos de nosotros mismos, de nuestros miedos y de los monstruos que
cada uno produce, aprender a vivir en libertad implica aprender a vivir en la
incertidumbre aprender a renunciar a la idea de control, pero sobre todo
implica coraje, valor, vencer los miedos que nos paralizan y que nos hacen
delegar nuestras propias responsabilidades en los demás, dejar de nombrar la
seguridad como seguridad para nombrarla como lo que es, cobardía, falta de
valor para vivir, en la medida que aprendamos a tolerar el miedo, a enfrentarlo
estaremos más de lado de la libertad, mientras sigamos atrapados y dominados
por los miedos seguiremos produciendo monstruos e instituciones de control que
nos privaran de la libertad con tal de protegernos de nuestra cobardía.
Eduardo
Contreras Merino.
Psicoanalista. Contacto al teléfono
5523275307.
https://www.facebook.com/Eduardo.Psicoanalista/
jueves, 7 de diciembre de 2017
La falsa conciencia de identidad.
Es muy común encontrarnos en la
actualidad múltiples propuestas de identificación o afirmaciones de una
identidad por parte de un sector muy amplio de la población mundial, nos
encontramos frecuentemente con sujetos que buscan definirse a partir de determinadas
actividades que realizan, nos
encontramos con los runners, bikers, melomanos, foddies, fitness, punks,
goticos, metaleros, etc..
Estos sujetos no buscan meramente
expresar sus gustos, buscan afinidades en otras personas a partir de sus
preferencias, buscan claramente definir su ser a partir de sus actividades o
sus gustos, es decir, buscan construir su identidad a partir de estas
actividades, a lo largo de este escrito buscare mostrar como la gran mayoría de
estas seudoidentidades son en realidad formas claras de alienación y procesos
de falsa conciencia de identidad.
Para explicar esto de forma más
profunda habría que remontarnos a principios del siglo XX, en donde comienzan a construirse las ciencias
sociales como tal, ciencias que buscan conocer como opera el sujeto, que lo
motiva, cuáles son sus pasiones, sus deseos, sus temores, y que tienen como
finalidad conocer al sujeto para poder dominarlo mejor, a esto Foucault lo ha
denominado como discursos de saber-poder.
Estos discursos están basados en
estrategias muy claras y concretas, tienen objetivos específicos, uno de estos
discursos es el de la identidad, es en este periodo histórico donde emergen
sistemas ideológicos como el nacionalismo, las diferencias de clase, el
folclore, que buscan generar en el sujeto un sentimiento de pertenencia a un
grupo pero a su vez una forma de diferenciarse de la otredad, de lo otro. Un
ejemplo muy concreto de esto fue el nazismo, una forma ideológica que busco
generar la cohesión social y el control a partir de la construcción de un
sistema de identidad racial, la cual diferenciaba a los arios de las demás
razas y las colocaba en una posición de superioridad, dando lugar así a una
maquinaria de control como pocas veces se ha visto en la historia de la
humanidad.
Es en estos periodos históricos donde
se comienzan una serie de derrumbes a los sistemas de identificación sociales,
Nietzche proclama la muerte de dios, Freud la muerte de la conciencia, siglos
antes Galileo saco al humano como centro del universo, el nacionalismo comienza
a perder su efectividad así que se comienza una crisis de valores de identidad,
el existencialismo de Sartre, Camus, Simone de beavouir, da voz a estas crisis
existenciales mostrándonos un sujeto
libre, un sujeto desprovisto de un sentido de vida, de una identidad, al
colocar la existencia como precedente a la esencia, coloca al ser como parte de
un trabajo a construir, construimos nuestro ser en base a nuestras elecciones,
en base a nuestra forma de lidiar con nuestra libertad, es decir, para el
existencialismo la principal elección del sujeto es el dilema de Hamlet, ser o
no ser, esta elección se resume en asumir nuestra libertad o negarla, lanzarnos
a vivir aun dentro de la confusión de no poder definir lo que somos o
escudarnos en formas vacías y falsas de identidad y de control.
La clave para poder realizar esta
elección radica en la angustia, aquí surge una pregunta clave, ¿angustia ante qué? Se podrían enunciar
varias posibles respuestas, angustia a ser, ser angustia ya que siempre se
tiene la duda de que somos, el miedo al cambio, a dejar de ser lo que somos, a
evolucionar, ser implica a su vez desear y el psicoanálisis ha mostrado
claramente que el sujeto le angustia su deseo. Angustia ante la libertad porque
elegir implica perder, implica el riesgo a equivocarse, la perdida lleva al
sufrimiento y nadie quiere sufrir.
Mientras el existencialismo plantea
estas dudas sobre la existencia, el capitalismo comienza a tomar impulso, a
dominar el sistema social, a dominar la vida de los sujetos y comprende que es
en base a la ideología como lograra el dominio global, el capitalismo retoma
estas preguntas existenciales pero las transforma en respuestas, comprende que
el sujeto está en crisis de identidad así que ofrece respuestas, ira poco a
poco construyendo y ofertando modelos de identificación social atractivos para
todo tipo de sujetos.
Este proceso operara con la finalidad
de la construcción de un nuevo tipo de sujeto, el sujeto del consumo, un sujeto
que identificara su ser en sus cosas, en sus objetos de consumo, tendrá su
punto de auge a finales del siglo XX, en las décadas de finales de los 70s y los 80s, con la estructura y operación de la
ideología pop, una ideología que busca romper con cualquier tipo de atisbo de
reflexión del sujeto, construirá una ideología de la vida como una banalidad,
construirá modelos de identificación estéticos, de consumo, del éxito, de la
felicidad, ligándolo todo al consumo de mercancías y la obtención y acumulación
de capital.
Se construyen así una amplia gama de
propuestas de identidad falsas que buscan imponerle al sujeto su ser, que
apelan a calmar su angustia existencial ofreciéndoles la ilusión de que a
partir de entrar en algún determinado grupo de consumo están desarrollando su
ser. Ofertas que abarcan a todo tipo de sujetos, desde las más masivas como la
moda, autos, el éxito económico, hasta las más underground, como las
contraculturas, todas apelan a lo mismo, establecer un lugar al sujeto dentro
de una forma de organización social.
Estas ofertas de identificación han
ido mutando, evolucionando acorde a los discursos dominantes de la época, pero
siguen reproduciendo el mismo sentido, agrupar a los sujetos a partir de sus
patrones de consumo y construirles un estilo de vida en torno a ellos, una
forma de vivir dictaminada a partir de estas falsas identidades.
Pensemos en los ejemplos que puse al
inicio del escrito, ¿Qué implica ser runner? Aquel que se encuentra alienado a
estas formas ideológicas responderá, es una forma de vivir, implica todo un
estilo de vida, levantarse temprano a correr, cuidar la alimentación, los
hábitos de sueño, la salud con la finalidad de alcanzar sus metas que cada
quien se pone en relación a esta actividad. Si se hace un análisis a
profundidad de esa pregunta fuera de la ideología dominante, habría que empezar
lanzado la premisa que ser runner en esencia implica ser consumidor de un
determinado tipo de productos, tennis para runner, ropa para runner, relogs
para runner, comida para runner, y que
el uso de estos definen su estilo de vida, el sujeto entonces se aliena a esta
falsa idea de identidad, para encubrir sus mecanismos de consumo y su angustia
ante la existencia.
Esta misma lógica aplica para un
fitness, un melómano, un traveler, un foodie, los mecanismos son los
mismos, pero para que este proceso de
identidad falsa se consolide no hace solo falta que el sujeto se aliene, tiene
que existir un reconocimiento social que legitime la falsa conciencia, es
decir, tiene que existir al menos otro que comparta la falsa conciencia, se
construyen así grupos cuya única finalidad radica en la de legitimarse unos a
otros la ilusión de identidad y aquí es donde se enlaza con la siguiente
funcionalidad de las identidades falsas para los sistemas de ejercicio de
poder.
Esta funcionalidad tiene que ver con
la segmentación de la población, la separación de unos y otros, tiene que ver
con lo que enunciaba con lo del nazismo, una forma artificial de separar al
sujeto del otro, al construir estas micro identidades falsas, el sujeto se
separa de los otros, el otro se vuelve alguien completamente distinto a él, de
tal forma que muchas veces se convierte en el enemigo, en ese diferente que es
una amenaza, esto funciona de forma muy clara en la estructura del ejercicio de
poder ya que permite una desunión social, un desinterés de la vida política, se
vuelve difícil que se articule una
resistencia de la sociedad contra ciertas medidas de dominación, lo cual vuelve
más eficiente a esta.
Nos encontramos en un punto entonces
en donde los sujetos prefieren ser parte de algo aunque sea una ilusión a
lidiar con la angustia de la existencia pero también deja entonces una pregunta
relevante, ¿si estas identidades son falsas, existe entonces una identidad
real, autentica? La respuesta a esto sería un rotundo no, nuestro yo se
encuentra constantemente en cambio, las experiencias de vida, los otros,
nuestro aprendizaje sobre sí mismos y
sobre nuestro contexto va llevando a cambios constantes en lo que somos, por
esto es que es tan preocupante esta tendencia de autodefinición, porque obtura
la posibilidad de que el sujeto acceda a un conocimiento de si, a un
conocimiento de su deseo, y por ende a un proceso de evolución de su ser,
obtura esta posibilidad de asumir su libertad.
Autodefinirse a partir de estas falsas
identidades solo es una señal de un profundo desconocimiento de si, una actitud
de rehusarse a ser sujeto, algo que el existencialismo nombraría como actuar de
mala fe, es decir rehusarse a elegir, en este caso concreto seria a partir de
confundir el ser con el consumo, el ser con lo que se hace, nuestras acciones
nos definen es verdad, pero son las acciones que se dan dentro de un proceso de
reflexión, esas acciones donde nos aventuramos a vivir a pesar de la duda
existencial, ante la exigencia social de responder a la pregunta de ¿Quién soy?
La respuesta más honesta podría ser no lo sé, estoy conociéndome a mí mismo.
El hecho de que la vida carezca de un
sentido a priori, que nuestra existencia carezca de un sentido dado de antemano
no implica como bien decía Camus, que no merezca ser vivida, el sentido de la
vida no lo encontraremos en nuestras prácticas de ocio irreflexivo, tampoco lo
encontraremos en el consumo, ni en el reconocimiento y la validación del otro
sobre nuestra identidad, el sentido de la vida es algo muy personal, algo que
solo cada uno de nosotros puede construir a lo largo de su vida.
Como insisto frecuentemente la respuesta
esta serie de dudas existenciales esta de lado de lo que los griegos llamarían el
cuidado de si, en esa inquietud de saber quien somos, de cuestionar nuestras
identidades impuestas socialmente, en la medida de que estemos dispuestos a
cuestionar lo que decimos que somos, lo que decimos que deseamos, nuestras
elecciones, podremos ir articulando un sentido a la vida, en tanto caigamos en
las garras de estas propuestas de identificación, caeremos fácilmente en la alienación,
la elección como siempre al ser libres recae en cada uno de ustedes.
Eduardo
Contreras Merino.
Psicoanalista. Contacto al teléfono
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jueves, 2 de noviembre de 2017
La sociedad del espectáculo.
A lo largo de la historia se han
formado distintas formas de estructuración social, en este escrito, abordare
una de ellas que tiene que ver por completo con la actualidad y que Gyuy Debord
definió como la sociedad del espectáculo.
La sociedad del espectáculo obedece a
un conjunto de transformaciones subjetivas producidas por la evolución y mutación
del capitalismo, el cual desde hace varias décadas ha instaurado una serie de
representaciones sobre la forma de vivir de los sujetos en sociedad.
El primer aspecto importante en el
cual consiste las sociedad del espectáculo radica en esta constante evolución del
sujeto en relación a sus cosas y la transformación de la representación del
ser, la mercadotecnia, la publicidad, los medios de comunicación masivos, han
construido un conjunto de representaciones sobre la importancia y la relevancia
de obtener cosas, el sujeto comienza a transformar su deseo en función de la obtención
de cosas materiales, comienza a fusionarse con sus cosas, a construirse de
forma autómata, obedeciendo a los deseos impuestos por los intereses del
capital, esto conlleva una transformación de la forma de pensar el ser.
En la sociedad del espectáculo el ser
se confunde con el tener, el sujeto es en función de sus cosas, se deja de lado
el conocimiento de sí mismo, el análisis sobre el ser, ya solo se toma en
cuenta las posesiones, se empieza a generar una sociedad construida a partir de
la valoración del capital, a mayor
capital mayor valía del sujeto, a menos capital menor valía y por ende menos
reconocimiento social, menos oportunidades, menos acceso a los distintos
servicios.
El sujeto que posee poco se empieza a concebir
como un resto, como un lastre para la sociedad, un problema, la pobreza se ve
como algo poco atractivo, sus historias se ven como algo indigno de contar, la
escucha del otro comienza a pasar por su
capacidad de adquisición, de consumo, que tanta posibilidad tiene de comprar
cosas, de viajar, de acudir a lugares específicos, las historias interesantes,
atractivas, son aquellas en las cuales va de por medio el consumismo, el
derroche, la ostentación.
Esto se enlace con el siguiente punto básico
de la sociedad del espectáculo, la evolución del ser por tener en simplemente
parecer tener, la apariencia comienza a dominar permanentemente cualquier tipo
de forma de socialización humana, hay que estar en un estado de apariencia
permanentemente, se puede observar esta forma de aparentar en varios aspectos
de la cotidianidad humana, aquí nombrare algunos de ellos:
1. El
ser del sujeto se suplanta por las apariencias en su forma de relacionarse con
otros, este punto es fácil de ubicar, se puede ver de forma muy clara en
cualquier reunión, fiesta, la mayoría de los sujetos tienden a presentarse no
como son, sino a partir de una máscara, un falso ser, una imagen residual
creada por el mismo en función de lo que considera popular socialmente, en función de lo que desea ser, esto debido a
que considera que su ser es insuficiente para conseguir la aceptación popular, encontramos
así sujetos temerosos de mostrar lo que en realidad son, lo que en realidad
desean, lo que en realidad les apasiona, lo importante siempre es mantener la
apariencia.
2. Los
momentos cotidianos pasan a ser representados a partir de esta misma
apariencia, aquí la función es clara, mostrarles al otro que la vida cotidiana
es especial, única, que se realizan
actividades distintas a los demás, es estar constantemente potencializando las
experiencias, tomar la foto de el desayuno en algún lugar exclusivo como forma
de aparentar una vida exitosa, siempre
cubriendo dos requisitos indispensables, la presentación del momento el cual
debe ser perfectamente estético, con retoques, una foto espectacular y en
segundo lugar debe aparentar y representar un cierto estatus, una capacidad adquisitiva
que desmarque al sujeto de los demás, lo coloque como un modelo a seguir, que
este en función de la idea de éxito moderna que pasa por tener más, visitar los
mejores lugares, viajar mucho, obtener cosas. El éxito no se percibe entonces a
partir de los sentimientos, las emociones,
la satisfacción ante la vida, sino en torno al éxito económico única y exclusivamente.
3. Esta
apariencia afecta también la forma de construir las emociones en la sociedad, el
sentir pasa a ser algo que también se representa a partir de la apariencia, lo
relevante de las emociones, los sentimientos ya no está en sentirlos, sino en
aparentar sentirlos para un espectador, el acto de amar, de ser felices, de disfrutar
pasa a ser un show, un show para otros, lo relevante es ser lo suficientemente
convincente para lograr convencer al otro de que la satisfacción emocional es
genuina, un ejemplo muy claro de esto lo encontramos en las redes sociales, la
gente postea constantemente sus momentos felices, muestra sus fotos de su cena romántica,
de su proposición de matrimonio en parís, mientras más espectacular sea el
evento mayor es la posibilidad de convertirlo en una experiencia creíble, en
una experiencia deseable para cualquiera.
Para que estas experiencias se
consoliden, es clave que el sujeto opere de forma sistemática a partir de las imágenes,
que las imágenes se coloquen como su principal forma de representación del
mundo, así muchas personas funcionan bajo la premisa fundamental de que una
imagen vale más que cien palabras, lo real y lo verdadero es aquello que se ve,
aquello que puede plasmarse en imágenes, los relatos dejan de ser relevantes en
tanto no son acompañados de imágenes, el sujeto comienza así un deterioro en
sus formas de percepción, comienza a ser un homo videns como Sartori lo definía,
alquien que solo ve, que no escucha, que solo siente a partir de un conjunto de
imágenes.
El psicoanálisis ya hablaba de lo
imaginario, definiéndolo como una de las formas de codificación y de representación
de la subjetividad humana, Freud ya
hablaba de los distintos tipos de representación, la representación palabra, y
la representación cosa que es la imagen, para Freud el sujeto percibe algo desde
dos niveles simbólicos, la cosa que está estrechamente relacionada con las
huellas mnémicas, es decir con aquellas imágenes cargadas de un contenido afectivo
el cual les permite almacenarse en el inconsciente y atraviesan la posterior
forma de representarse la vida del sujeto, por otro lado está la representación
palabra que es la forma en que estas huellas mnémicas, o percepciones aisladas
pueden acceder a la conciencia. El problema
de que el sujeto funcione únicamente desde el registro de lo imaginario radica
en que no puede simbolizar aquello que ve, la imagen percibida pasa
directamente desde el inconsciente a la conciencia y el contenido afectivo de
esta se relaciona estrechamente con el sentido y la intencionalidad dada por el
emisor de la imagen.
Pensemos un ejemplo para ilustrar
esto, un sujeto prende la televisión, comienza a ver un programa destinado a
enternecerlo, de esos que abundan actualmente, en donde aparecen las historias
de personas que tienen alguna enfermedad, viven en situaciones difíciles y
buscan a partir de un concurso o de evento de donación que su situación de vida
mejore. El espectador que percibe esto oye
aquello que esa persona en la televisión dice, pero su juicio lo realiza
a partir de la imagen, se fija en si esa persona se ve efectivamente humilde, o
enferma, los medios de comunicación saben
eso, que ese espectador solo validaría como real la experiencia que buscan
transmitirle si va acompañada de imágenes, por esto graban el lugar donde esta
persona humilde vive, aspectos de su cotidianidad, a su familia, para lograr un
determinado estado emocional en el espectador, muchas veces no hay un contexto
que acompañe a esas imágenes, la imagen cumple la función por si misma ya que
al no pasar por la representación palabra, el sujeto queda inmune ante el
efecto de la imagen, en tanto se enlace a una huella mnémica el efecto será el
deseado, la imagen queda así sin cuestionamiento, como una verdad universal,
una verdad dada por los estereotipos formados por cada sociedad.
Los medios de comunicación masiva
tuvieron un efecto claro sobre estas formas de percepción moderna, en la década de finales de 1960 se dieron
cuenta que el sujeto opera a partir de emociones básicas inconscientes, el
miedo y el deseo y comenzaron a construir estrategias para manipularlos,
ubicaron que esta estrategia de manipulación sistemática no podía pasar por elementos lingüísticos, que
crear relatos veraces que pudieran afectar emocionalmente a los espectadores
era más complicado, por ende prefirieron instaurar una hegemonía de la imagen, de
la apariencia, experimentaron con diversas imágenes y su reacción ante la
gente, desarrollaron estrategias claras como el marketing, los estudios de
mercado, los estudios de audiencia, las encuestas, para así crear imágenes que
funcionaran de forma eficaz para transmitir una emoción en concreto, miedo
cuando se necesitara que la población generara un rechazo ante algún fenómeno social,
por ejemplo, mostrar imágenes de manifestantes en contra de alguna medida
gubernamental destruyendo algo, o realizando actos violentos de tal forma que
el espectador genere una emoción de miedo y rechazo ante los manifestantes,
poniendo en contra a los miembros de la sociedad entre sí, no se informa el
contexto de la manifestación, se informa poco de por qué ocurrió la violencia,
lo único que queda es la imagen.
Se construyen estereotipos de imagen
sobre lo bueno o malo, lo que debe generar en el sujeto alegría, emoción, empatía,
admiración, y las imágenes que deben generar rechazo, enojo, miedo,
estereotipos estéticos sobre lo bello y lo feo, abarcando así todo tipo de
experiencia humana, actualmente es muy difícil encontrar algún tipo de
experiencia humana que no pueda ser plasmada en imágenes.
La existencia humana en la sociedad
del espectáculo se torna así en un constante mostrar, en una forma
exhibicionista y vouyerista de encontrar
placer en mostrar y observar, la dimensión de lo privado, de lo intimo queda así
trastocada, el sujeto empieza a hacer en tanto alguien observara lo que
hace, las experiencias entonces
comienzan a ser reales no en tanto el sentir de aquel que las realiza sino en
tanto la validación del otro, nos encontramos así los concursos de popularidad
en las redes sociales, quien tiene mas likes por ende tiene una vida más
interesante, quien tiene más seguidores en instagram, la vida pasa a si a ser
una especie de talk show en donde los espectadores eligen cual es el
participante más popular, a cual admiraran, cual odiaran en función de lo que
aparente, las interacciones por ende son regidas por lo políticamente correcto,
lo aceptado socialmente, se va borrando poco a poco de la ecuación la
diferencia, la crítica, el análisis de aquello que se percibe. Esto conviene perfectamente
a las estructuras de poder ya que son sujetos dóciles, incapaces de pensar por sí
mismos, que reaccionan en función de los estímulos que se les dan, apolíticos,
pasivos, por ende fácilmente manipulables,
los efectos en las relaciones humanas son devastadores, creando relaciones
artificiales, vacías, gente que va por la vida relacionándose como un en concurso
de popularidad, lo real de las experiencias queda de lado, los sentimientos, el
placer, el amor, quedan borrados de la ecuación, lo importante es aparentar.
A modo de conclusión es importante
aprender a ubicar esta sociedad del espectáculo para poder aprender a
desmarcarnos de estas formas de relación, aprender a vivir nuestras
experiencias de forma real, a mostrarnos tal cual somos, sin necesidad de
aparentar, dejar de seguir esta serie de
modelos de identificación, recuperar
nuestros relatos, ubicar que nuestras experiencias son reales en tanto las
vivimos no en tanto alguien más las legitime, en la medida que podamos ir
creando conciencia sobre esto, podremos aspirar a tener una sociedad más
satisfactoria.
Eduardo
Contreras Merino. Psicoanalista.
Contacto
al teléfono 5523275307.
https://www.facebook.com/Eduardo.Psicoanalista/
viernes, 27 de octubre de 2017
La sexualidad como ejercicio de libertad.
La sexualidad es uno de los aspectos que se ha buscado de forma recurrente controlar
por las formas de ejercicio de poder, el sexo es un tema complejo, que causa
conflictos en muchas capas de la sociedad, que genera polémicas, miedos, incertidumbres,
el placer algo intrínseco al sujeto tendría que ser visto como algo cotidiano,
cercano, en vez de esto ha pasado a formar parte de discursos de saber poder,
de aquello que Foucault, defino como la Scientia Sexualis y que consiste en
pasar de volver al sexo como una forma de placer, una praxis a una forma
discursiva, el sexo como un objeto de
saber que hay que desmitificar, comprender, desmenuzar en cada una de sus
partes para controlarlo.
A lo largo de la historia han existido
diversos discursos que buscan delimitar lo que es el sexo, sus alcances, su significado,
ya desde los griegos estaba la inquietud por saber acerca de las afrodisias, es
decir, sobre el placer, sus implicaciones en la construcción de un sujeto ético,
Aristóteles hablaba de los puntos medios, para el griego el dominio de si era
fundamental para conseguir la libertad, para afirmarse como sujeto libre, alguien
que es dominado por las afrodisias jamás podrá convertirse en un sujeto de
respeto, en un sujeto que pueda llamarse libre, la libertad pasa por el dominio
de sí, para los griegos la clave del dominio del placer radica en cumplir
algunos requisitos, saber cuándo es el momento adecuado para dejarse llevar por
el placer y que momentos son inadecuados, esto en función de la pertinencia,
esto se traduce en un saber decir que no al placer.
En segundo lugar que su acto de placer sea ético,
es decir se pueda representar como algo bello y bueno, el abuso sexual, la coacción son vistas de forma negativa por
la ética, un punto que plantea diversos cuestionamientos ya que en los griegos
existe la esclavitud y la mujer no es un sujeto, por ende no se podría hablar
en muchos casos de un consentimiento mutuo, se puede hablar de que se referían a las
relaciones homosexuales o al amor por los muchachos, es decir al placer entre
hombres, algo muy común en la Grecia clásica.
Esto es muy importante ya que cuando hablamos de la reflexión
sobre el placer en los griegos hablamos fundamentalmente del placer masculino,
el goce femenino se encuentra cancelado por completo de la reflexión, si la
mujer obtiene placer o no de los encuentros sexuales es algo que importa muy
poco a la sociedad falocentrica griega. Al ser una sexualidad masculina, se pone énfasis en la dualidad
pasividad-actividad, que se traduce en penetrar o ser penetrado, poseer o ser poseído
por el otro, aquí se inserta también una dimensión de poder, el sexo pasa a ser
una forma de demostrar poder, si un hombre de cierta clase penetra a otro de
menor clase es visto como una buena señal, algo adecuado, si es la inversa se
ubica como algo anti natura, es decir, las formas que adquiere el placer en la Grecia
clásica están en relación al poder, lo natural es que el poderoso posea al débil,
hay muy poca reflexión o prescripción sobre las prácticas sexuales perse, en la
subjetivad griega las prácticas sexuales son poco relevantes, lo importante es
seguir conservando la dimensión del poder, el placer se centra así en la dominación
del otro, en la posesión del otro.
Otro de los discursos sobre el sexo
que perduro y que sigue perdurando hasta la fecha tiene que ver con la
moralidad, con la creación del cristianismo, la forma de representarse al sexo
cambia de forma importante, se retoman algunos aspectos de la cultura
grecolatina pero se añade el aspecto moral, el sexo pasa así a ser algo
vergonzoso, algo que debe realizarse con la finalidad de la perpetuación de la
especie pero la dimensión del placer queda borrada, se comienza a representar
el erotismo como la encarnacion del pecado y la figura de la mujer pasa a ser
condenada, se representa el cuerpo femenino como el principal agente de tentación
e incitación al pecado, la mujer se percibe como dadora de vida, pero a su vez
como un objeto de peligro constante que puede llevar a pecar a los hombres, por
esto se instauran diversas formas de controlar el placer y la sexualidad
femenina, construyendo la institución del
matrimonio como la forma legítima de ejercicio de la sexualidad , la mujer
desde esta perspectiva se debe al esposo, guarda su cuerpo, su virginidad para
aquel que será su marido, se instaura así la figura del “debitum”, el debitum
consiste en ese acuerdo moral en torno al cuerpo del otro, el cuerpo del esposo
pasa a ser de su esposa, el cuerpo de su esposa pasa a ser del esposo, una obligación
conyugal que tiene como finalidad la procreación, se concibe así al sexo como
una penosa necesidad pero que si se lleva a cabo en el marco matrimonial no se
instaura como pecado, el objetivo de la sexualidad es entonces una forma de
aliviar la tensión, una forma de
descarga del deseo pero sin que exista concupiscencia, es decir el problema del
sexo para estas formas discursivas, radica en el erotismo.
Al ser el erotismo el principal enemigo
a vencer bajo estas prácticas discursivas de ejercicio de poder, las prácticas
sexuales pasan a ser objeto de análisis y de discusión, aparecen así un régimen
de permisiones y prohibiciones, determinadas prácticas son permitidas y otras
prohibidas, aparece así la construcción moral en todo su esplendor, se definen
lo bueno y lo malo en base a los discursos religiosos que rigen la subjetividad
de las comunidades, esto construye a su vez dos distintos tipos de sujetos, los
buenos y los malos, los hombres infames, los depravados, los lascivos, los
sodomitas, comienza la persecución de todos aquellos que presentan determinado
tipo de prácticas sexuales cuya finalidad no es la procreación, es por esto que
la figura del sodomita es tan perseguida, se considera uno de los pecados mas
graves el desperdiciar el semen en una práctica como el sexo anal que no genera
ningún tipo de procreación, la vida sexual pasa entonces a ser de dominio privado, se articula
poco a poco una doble moral, el sujeto del interior y de lo exterior, de vicios
privados y de virtudes públicas, pero también aparece otra forma que derivara
en una técnica de ejercicio de poder muy influyente durante mucho tiempo de la
historia, el poder pastoral.
Esta forma es la confesión, los
representantes de la moralidad comúnmente eran los sacerdotes católicos los
cuales ubican la importancia de saber aquello que el sujeto oculta, animan constantemente a los sujetos a
confesarse continuamente y uno de los puntos clave a confesar es sobre su
placer, sobre su sexualidad, así se obliga al sujeto a hablar sobre el sexo, a avergonzarse
de sus placeres, el sacerdote pasa a ser así un mecanismo de recepción del
saber pero a su vez un dirigente de conciencia,
la absolución del pecado del deseo pasa por la posibilidad de hablarlo, se
genera así este lugar de saber poder, un poder que se ejerce a conveniencia de
los intereses de determinadas clases u objetivos económicos o de dominación.
Con el desgaste del poder pastoral y
de la moral cristiana aunado al surgimiento de las ciencias, el positivismo y demás
transformaciones epistemológicas, el discurso del sexo pasa a construirse a
partir de las ciencias, los juicios dejan de enunciarse a partir de lo bueno o
lo malo del sexo o del placer, para pasar a lo normal y lo patológico, la psiquiatría
juega aquí un papel clave como mecanismo de control, se construyen los grandes
hospitales, espacios de encierro destinados para aquellos enfermos, surgen
entonces otro nuevo tipo de sujetos, las histéricas, los erotómanos, los
homosexuales, las ninfómanas, comienza una clasificación sistemática de los
distintos tipos de enfermedades sexuales, enfermedades que no tienen que ver
con las enfermedades de transmisión sexual sino con enfermedades mentales.
La moralización es disfrazada así de
discurso científico, se encuentran cantidad de casos en los psiquiátricos de
mujeres ingresadas por tener un temperamento sexual grande, por ser la vergüenza
de la familia al no poder casarse, los familiares depravados que son excluidos
y encerrados, se pasa así de considerarse al erotismo y al deseo de determinadas prácticas sexuales como
manifestaciones moralmente inadecuadas, a considerarse desviaciones mentales,
surge así el sujeto enfermo mental, alguien que debe ser rehabilitado,
reeducado para su posterior reingreso a la sociedad y en caso de no tener éxito,
encerrado por su incapacidad de adaptarse a la normalidad, el psiquiatra actúa como un heredero del poder pastoral, la
legitimidad del sacerdote estaba fundada en ser un representante e interpretador
de la palabra de dios, la legitimidad del psiquiatra pasa por el discurso
positivista, la enunciación de Nietzche de dios ha muerto en realidad es un cambio de paradigma subjetivo
en torno a la percepción de la verdad, ya en la genealogía de la moral Nietzche
advierte de los peligros del pensamiento científico y de cómo pasara a ser el
heredero de la verdad religiosa, la cientificidad pasa a ser así una nueva
forma de sacralización y de dogma, la palabra del psiquiatra se enuncia y se
escucha como una verdad universal, opera a partir del lugar de enunciación,
esto es clave para analizar los lugares de saber, el lugar de enunciación determina
la veracidad o falsedad de un discurso, la figura del psiquiatra se sostiene
desde ahí, convenientemente consolidándose así lo que Foucalt denominara como
el biopoder.
Este biopoder tendrá procesos de evolución
cada vez más específicos, la psiquiatra en su afán de legitimidad buscara
despegarse en apariencia de la moral, el psicoanálisis y la figura de Freud serán
claves para esta evolución, Freud da voz a las histéricas, ubica en ellas un
discurso de sufrimiento, de insatisfacción, pone sobre la mesa los mecanismos
represivos sobre la sexualidad, los evidencia, a diferencia de la psiquiatría que
niega la voz a la histérica para convertirla en una simuladora o una anormal,
Freud ve ahí un sujeto doliente, un sujeto reprimido en su deseo, aplastado por
los diversos mecanismos de saber poder que le dictan cómo ser mujer, que borran
su placer, que culpabilizan a su cuerpo, el cuerpo de la histérica está cargado
de deseos contenidos, de palabras atravesadas que pugnan por emerger, sus síntomas
se vuelven así una queja contra el sistema, contra su sociedad, contra las
formas de ser mujer en su tiempo.
Al darles voz a las histéricas Freud
retoma la importancia de la reflexión sobre el placer, pero quitándolo de una
perspectiva moralista, definiéndola como una parte intrínseca al sujeto,
colocando así a la sexualidad como un tema eje, un tema que se desplaza y
contamina otros aspectos de la vida del sujeto volviéndolo incapacitado para
gozar, para amar. Esto permite un nuevo paradigma con referencia al sexo, a la
sexualidad femenina, aunque incompleta, ya que tampoco Freud logra superar la
perspectiva del sexo como poder, no logra eludir la reproducción de este viejo
esquema de la actividad pasividad, ligando lo activo a lo masculino y lo pasivo
a lo femenino, pero su gran aportación radica en la posibilidad de poner el
tema en discusión, en centrar las bases de una evolución de la importancia de
pensar el placer, de la importancia que el placer tiene en la conformación psíquica
del sujeto y sus impactos en su vida cotidiana, esto dio lugar a un sinnúmero de
transformaciones sociales, a darle mayor posibilidad de recuperar su cuerpo y
su goce a la mujer, de darle posibilidad de ejercer su deseo, con la invención de
las pastillas anticonceptivas se logra una separación clara entre la reproducción
y el placer, se puede ver al sexo ya como una forma de placer que no está intrínsecamente
ligada a la procreación, o cuyo sentido ultimo no es forzosamente la reproducción,
La siguiente evolución discursiva
influida notablemente por el psicoanálisis fue la creación de la sexología, una
respuesta al psicoanálisis por parte del positivismo, la sexología se coloca
como la disciplina científica encargada de estudiar al sexo, de analizarlo, de
descubrir la verdad sobre el sexo. Al estar basada en el pensamiento
positivista la sexología busca un lugar de saber distinto al del psicoanálisis,
se construye desde las bases biológicas del placer, desmenuza el cuerpo humano,
busca encontrar las partes del cuerpo que proporcionan placer, que sustancias
segregan, como opera biológicamente el placer, todo esto con la finalidad de
instaurar una verdad sobre el sexo, aquí los juicios ya no se enuncian desde lo
bueno o malo o lo sano y enfermo, sino en construir formas correctas de
proporcionar placer, construir manuales y técnicas infalibles que permitan al
sujeto tener una vida sexual satisfactoria y poder clasificar las practicas
acorde a las preferencias sexuales, emergen así las practicas heterosexuales, prácticas
homosexuales.
Se instaura así como una disciplina
orientada a la técnica, a definir al sexo como una técnica, como un conjunto de
pasos a seguir para la obtención del placer, deja de lado el deseo, la elección,
la libertad del sujeto, reproduce así los valores de la sociedad moderna, una
sociedad de la técnica, despersonalizada, que busca satisfacciones inmediatas,
apela a la mayor satisfacción en el menor tiempo, al igual que la lógica de la
productividad, su legitimidad de nuevo esta basada en su cientificidad, y de
nuevo se coloca como un poder que dirige, que marca las vías en las cuales el
sujeto debe producirse placer.
Todo este recorrido histórico tiene
como finalidad el mostrar como el sexo siempre se ha buscado controlar,
dirigir, ¿Por qué tanto interés en el sexo? ¿Por qué tanto miedo al sexo por
parte de los grupos que ejercen poder? La respuesta a esto es simple, porque
como dice el titulo del escrito la sexualidad es una forma de ejercicio de
libertad.
La sexualidad es una de las vías en
las cuales el sujeto puede crear, elegir, hacerse dueño de su placer, la
sexualidad al estar en relación al deseo también esta en relación a la verdad y
la mentira, al asumir y aceptar el sujeto su verdad conforme a su deseo sexual
se coloca como un creador, un creador de una forma de vivir, construye así una ética
de su deseo, una autorregulación de lo que se permite y no se permite para
obtener lo que desea, la sexualidad se vuelve así una potencia de cambio, de rebeldía,
de resistencia.
Estos discursos buscan dirigir y
controlar las manifestaciones sexuales porque en la medida de que el sujeto se
hace dueño de su cuerpo, de sus placer, esto se transmite a otros aspectos de
su vida tal como el psicoanálisis ha demostrado, en la medida que se acepta a sí
mismo y lucha por su deseo se genera una inercia que se manifiesta en todos los
aspectos de su vida, el sexo pasa así a ser un ejercicio de libertad.
Es importante por ende no dejarse atravesar
por este tipo de discursos, ubicar que la sexualidad en tanto forma de
ejercicio de libertad y de creación se vuelve personal, cada sujeto es
distinto, por ende no pueden existir formas masivas de obtener el placer,
tampoco existen formas buenas o malas de placer, ni formas sanas o enfermas, ni
adecuadas e inadecuadas, solo existen formas personales y consecuencias de
nuestras elecciones sexuales. Aprender a desmarcarse de estos discursos permite
la posibilidad de hacerse dueño de uno mismo, no a la manera griega, como una
forma de obtener dominio sobre el otro, no ver el sexo como poder, como
control, aprender a ver el sexo como un encuentro, como una posibilidad de
manifestar el ser a partir de la construcción de formas de placer, en la medida
que logremos una forma ética de la sexualidad podemos ser más libres, con las
implicaciones que eso tiene.
Eduardo
Contreras Merino. Psicoanalista.
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jueves, 12 de octubre de 2017
¿Qué es el capitalismo ético?
La pobreza ha existido desde tiempos inmemorables,
la repartición de riqueza en una población históricamente se ha realizado en la
mayoría de los casos de forma asimétrica, en algunos periodos se organizaba de
forma meritocratica, otros a partir de títulos nobiliarios, pero la constante
en las formas de organización política económica de nuestras sociedades es una repartición
de riqueza de forma injusta.
Es en nuestra actualidad es cuando se
puede visibilizar de forma más clara esta repartición inequitativa de los recursos
económicos, el capitalismo ha adquirido manifestaciones cada vez mas
depredadoras, con consecuencias devastadoras para los países llamados de tercer mundo, o economías
emergentes, las cuales han sido condenadas
a ser países de mano de obra barata, con poca capacitación, explotados de forma
sistemática por las grandes corporaciones que de otra forma no podrían acumular
la riqueza que tienen.
En este marco es donde aparece lo que se
denomina el capitalismo ético, una vertiente de praxis económica que ha construido
todo un aparato de discurso ideológico - político que busca generar “conciencia”
sobre las condiciones de vida de una gran parte de la población del mundo, sobre
sus carencias, sus necesidades insatisfechas por sus gobiernos.
Este capitalismo “ético” pone sobre la
mesa la importancia de donar, de apoyar a la gente que más lo necesita, de
cubrir estas necesidades a partir de la aportación de determinadas asociaciones
civiles, de fundaciones, de instituciones creadas con la finalidad de ayudar y
apoyar a combatir la pobreza.
Esta forma ideológica – política tiene
sus orígenes en la transformación de las formas de gobierno que se nombra como neo liberalismo, el neo liberalismo apela a una libertad sobre el capital, que
sea la verdad del libre mercado la que se imponga para regular precios,
servicios, y demás aspectos económicos dentro de una sociedad dada.
Otra de sus estrategias apela a que el
estado administre los menos posible el libre flujo del capital, su finalidad es
construir un estado ausente, débil, que no interfiera en los precios, los
sueldos, en las condiciones de trabajo de la mano obra, que eso lo deje al
propio criterio y buena fe de las corporaciones, las cuales en base a la verdad
del mercado decidirán qué es lo mejor para una población dada.
Se ve así al capital como algo bueno,
se comienza a hacer hincapié propagandístico por parte de los gobiernos de los
distintos flujos de capital que están presentes en una población, se asocia
mayor numero de corporaciones presentes en la economía de un país con la idea
de plenitud, de solides económica, de progreso.
Esta ideología presento sin embargo un
problema de orden operativo, si el estado es débil, ¿Cómo va a lograr cumplir
su función de brindar servicios básicos, seguridad y bienestar para su población?
¿Cómo lidiar con la pobreza con un estado débil?
En respuesta a eso el neo liberalismo construyo lo que se denomina la tercera vía, y que tuvo a estados unidos como
su principal promotor, la tercera vía plantea una forma en la cual será la
iniciativa privada y asociaciones civiles quien pasaran a asumir una
responsabilidad activa en el combate a
la pobreza y a la generación de mejores condiciones de vida de las clases bajas
dentro de la sociedad a cambio de un intercambio fiscal que haría que todos los
fondos dados por el capital hacia la sociedad fueran deducibles de impuestos.
Esto surge ideológicamente con un
conjunto de transformaciones en la percepción de los estados benefactores, o
proteccionistas, se empieza a ver este tipo de estados como una forma arcaica e
ineficaz de producir riqueza en una población, se le dice al estado, deja que
sea el libre mercado quien regule todo, tú no te preocupes, nosotros con
nuestra infinita sabiduría sabremos administrar los recursos para producir
bienestar en la población, ellos ya están grandes no necesitan un estado
paternalista que los proteja, de los pobres no te preocupes, nosotros con
nuestras fundaciones, nos ocuparemos de su sobrevivencia.
Ya sabemos cómo ha resultado esa
brillante idea de darle al capital total independencia y libertad para operar
como desee, la clave en este proceso de transformación es la palabra, “sobrevivencia”,
aquí se instaura una de las estrategias más marcadas de lo que Michel Foucault
denomino como biopolitica, que consiste en la apropiación e utilización de la vida de los sujetos pertenecientes a una
población dada, de sus cuerpos, su tiempo, su sexualidad.
Este capitalismo ético retoma las
formas ideológicas de la caridad que venían de siglos anteriores y estaban
presentes en las clases altas, se busca dar algo a aquellas clases más
desvalidas, pero no con la intención de mejorar sus formas de vida, de darles
recursos para que se puedan hacer cargo de ellos mismos sin necesidad de la
caridad, sino convertirlos en lo que Marx denominada los lumperproletarios,
personas dependientes totalmente de las formas de caridad, incapaces de sostenerse
a sí mismos, incapaces de generar conciencia política, alienados a la ideología
de la clase en turno que los ayuda, alienados a sus intereses, sujetos dóciles,
obedientes.
Con el avance de los discursos democráticos,
estos lumperproletarios se volvieron cada vez mas claves, se volvieron votantes en masa, que podían ser
manipulados, orientados a representar los intereses de determinadas formas de
capital, por medio de su voto podían representar la diferencia en la implementación
de determinados programas económicos, políticos,
el lumper se vuelve así en ese sector clave de legitimación de la democracia, y
de la consolidación de los intereses del capital.
Ahora bien ¿De que formas opera el
capitalismo ético? Esto tiene varios ejes de análisis, yo me centrare en las
formas de subjetivación que producen para lograr que se instaure como ideología
en la población.
Esta forma ideológica para poder
sostener su praxis, opera desde 3 pasos que en apariencia son inconexos entre sí,
pero que si se analizan profundamente están muy relacionados.
1.- La difusión masiva de la pobreza.
Es muy común encontrarnos en los medios de comunicación, una marcada tendencia
a mostrar las condiciones de pobreza en las viven un conjunto de personas,
principalmente en los países de tercer mundo, esta estrategia tiene como
finalidad que una gran cantidad de la población tenga percepción de que la pobreza
existe, de difundirla y que se le genere un estado emocional con respecto a
esta.
2.- La manipulación emocional de los
sujetos. Una vez que la población tiene clara las condiciones de pobreza, se
empieza con una manipulación mediática que apela fundamentalmente a la consolidación
de la ideología de que la ayuda es importante, se generan discursos sobre la
solidaridad, sobre la responsabilidad de ayudar, constantemente vemos en la
publicidad mensajes como “tu puedes ayudar”, “está en tus manos que esto cambie”
o manifestaciones que son incluso más agresivas que generan la subjetivación de
las personas que empiezan a percibir que si no ayudan son parte del problema. Se
le genera así al sujeto el deseo de ayudar, en parte por culpa, ya que al no
estar muriendo de hambre, al tener acceso a los servicios básicos, la ideología
les hace pensar que son privilegiados, aunque muchas veces sus condiciones no
difieran de forma significativa con las de las clases pobres.
3.- Brindar opciones cómodas y seguras
de ayudar. La ultima parte de la estrategia opera de forma muy simple, las
corporaciones ofrecen una gama de alternativas en la cuales las personas pueden
ayudar a “cambiar al mundo”, ofrecen una gran gama de posibilidades de ayuda a
las clases desamparadas, que van desde las donaciones, apoyo de difusión en
redes sociales, pero la mas macabra de todas es la de manipular la percepción del
consumo.
Esta manipulación de la ideología del
consumo es quizá la más importante de estas estrategias, el capitalismo ético distorsiona
estas ideas del consumo como algo banal, como una manifestación de derroche
para pasar a construirlo a partir de una perspectiva ética y moral.
Comienzan a surgir un sinnúmero de
empresas que lanzan slogans como, “nuestra empresa dona una parte de sus
ganancias a los niños de africa”, “nuestra empresa paga sueldos justos a los
empleados”, “nuestra empresa usa productos amables con el ambiente”, “nuestra
empresa apoya el pago justo de los insumos que consumimos” esto construye la ideología
de que al consumir productos de estas empresas se está generando un cambio en
la sociedad, que se está ayudando a que mejoren la calidad de vida de las
personas, en resumen el consumo pasa de ser un defecto social a algo bueno, a
algo noble.
Ahora bien para que un engaño o manipulación
opere debe haber también una contraparte que elige creer en el engaño, esa
parte de nosotros que elige la mentira a la verdad, que prefiere enmascarar sus
prácticas consumistas, dándole estos toques de ayuda, ese común de las personas
que eligen no ser libres, alienarse ante las formas ideológicas dominantes en
su época. Esta forma de consumismo saca ese lado de las personas, su lado de
confort, el sujeto cree esa mentira que al consumir un producto esa ayudando a
ser un mundo mejor, cuando en realidad
no está cambiando absolutamente nada. Lo elige porque es mas cómodo, porque no
le significa ningún tipo de esfuerzo, no le implica un cuestionamiento a sus
creencias, a sus costumbres, a su forma de vivir, elige creer en esta ideología
porque le plantea un cambio en el cual no tiene que hacer nada más que lo que
viene haciendo regularmente que es consumir, lo exime de su responsabilidad en
su contribución a los abusos de las corporaciones, es un cambio que puede hacer
desde el sillón de su sala, mientras ve la tele.
De nada sirven donaciones de estas mismas
empresas que con sus prácticas depredadoras brindan malos sueldos a los
trabajadores, los explotan, la transformación de la calidad de vida de los
sujetos en pobreza no pasa por darles medios de sobrevivencia, esto solo perpetua su estado de indefensión.
La mayoría de estas donaciones se
articulan en ayudas que prolongan la sobrevivencia de estos sujetos, medicinas,
comida, agua, pero que poco ayudan a resolver su problema de origen, ayudar al
medio ambiente no es comprar productos biodegradables, no es comprar productos “ecofriendlys”
, este capitalismo produce una pasividad en el sujeto, haciendo que renuncie a
formas de transformación más reales, a que formule exigencias a los gobiernos
para que se implanten regulaciones ambientales estrictas a las empresas, regulaciones
especificas al capital, para que brinde mejores sueldos, servicios médicos,
oportunidades de capacitación, de crecimiento laboral.
Es importante dejar de ver al
capitalismo ético como una forma de ayuda y de transformación social, este es solo una estrategia de poder biopolitico,
que busca utilizar a la población para aliviar sus responsabilidades, para
minimizar las consecuencias de su practicas antiéticas, una estrategia que
busca seguir sosteniendo la repartición inequitativa de la riqueza, busca
seguir reproduciendo un orden social dominante, generar sujetos dependientes de
la caridad fácilmente manipulables para fines políticos, al comprar tu producto
de capitalismo ético no estás ayudando, la única forma de ayudar es tomando
conciencia de las implicaciones de estas prácticas de ejercicio de poder, informándonos,
generando movimientos de asociación en
la sociedad civil que permitan
establecer un contrapeso al poder del capital.
Eduardo
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