miércoles, 11 de enero de 2017

El tinder y las formas postmodernas de búsqueda de pareja.

A lo largo de la historia han existido distintas estructuras de comportamiento en relación a la búsqueda de pareja,  desde el oikos griego,  el amor cortes, por poner unos ejemplos. Cada una de estas construcciones reflejaba una forma de subjetividad, reflejaba la estructura moral dominante, se daban en un contexto socioeconómico en específico.
Las nuevas formas de búsqueda de pareja no están exentas de estos atravesamientos, en esta ocasión me dedicare a analizar una aplicación que está generando mucho revuelo en distintos medios sociales, el tinder.
El tinder se presenta a sí misma como una aplicación que permite conocer a personas en base a una atracción mutua,  su forma de funcionamiento es simple, colocamos una media de kilómetros a la redonda de nuestra ubicación y se nos presentan una serie de perfiles de personas las cuales pueden escribir una breve descripción de sí mismas, sus intereses y expectativas,  y colocar fotos, podemos entonces darles me gusta al perfil o rechazarlo, cuando ambas personas se dieron me gusta se abre una venta de compatibilidad y la posibilidad de un chat para escribirse mutuamente.
Lo primero que se hace evidente es que una gran cantidad de personas eligen no colocar ninguna descripción de si, el lenguaje brilla por su ausencia, encontramos fotos y fotos pero sin ninguna referencia a esas personas, aquí se puede notar de forma muy clara el patrón de alienación del sujeto a la imagen.
Vivimos en una época en donde el lenguaje cada vez pierde su capacidad de sentido, la gente habla mucho pero las palabras pierden su poder de significación, en la aplicación vemos algo incluso más extremo, la ausencia de lenguaje, apela a la lógica de que la imagen dice más que las palabras y a su vez nos marca una estructura ideológica muy clara, la atracción se produce a partir de la imagen y no de lo simbólico, se privilegia el registro imaginario de la experiencia humana dejando de lado la simbolización.
En la aplicación también es muy común encontrar fotos de personas en parís, en la estatua de la libertad, en la playa, ¿Pero eso que nos intenta decir? ¿Busca transmitir algo o es un mero ejercicio de goce narcisista? Responderé a esto más adelante, ahora me centrare en mostrar cómo es que se empieza a dejar claro que la aplicación refleja las estructuras sociales y subjetivas dominantes de la época, sobre todo en lo referente a lo que es atractivo o repulsivo en una sociedad.
Tinder funciona a partir de un algoritmo pero nunca explican cómo funciona ese algoritmo, algo comprensible ya que de hacerlo evidente perderían una gran cantidad de registros en la aplicación. El algoritmo se basa en la popularidad y genera distintos subgrupos dentro de la red, esto se puede aterrizar de forma muy simple, imaginemos que una persona se registra en la aplicación,  en función de los likes que su perfil reciba se le asignara a un grupo, los atractivos, los medianamente atractivos y los poco atractivos.
Esto en esencia no tendría que ser un problema, es parte de la dinámica social, el problema viene cuando se generan formas de exclusión. Tinder genera una estructura para que los atractivos solo se relacionen con los atractivos, los medianos con los medianos y los de baja atracción con sus similares.
¿Cómo hace esto? De una forma muy simple, tinder nos dice que nuestro perfil le aparece a todo el mundo  lo cual es una gran mentira, el perfil de la persona aparece solo en tu grupo en cual te han colocado, no le aparece a los usuarios más populares. La lógica diría que esto sería a la inversa también, es decir, que los perfiles de usuarios populares no aparecerían a los de perfil más bajo, pero no, los perfiles de usuarios populares si aparecen a los de otros grupos por lo cual las posibilidades de match se reducen significativamente pero a su vez permiten que se sigan consolidando usuarios con muchos likes.
Esto se puede simplificar de forma muy simple, un usuario de perfil medio o bajo puede darle like a múltiples usuarios de perfil alto, pero este usuario de perfil alto jamás vera su perfil, reduciendo así su posibilidad de interacción y generando una estructura de exclusión y de control social.
La aplicación genera así un control sobre quien se empareja con quien, construyendo una forma de homogenización de los criterios y del funcionamiento de la red, en base a una estructura social que la precede, es decir replica las formas que están presentes en la sociedad en la aplicación.
Esto lleva a preguntarnos ¿Qué hace que algunos usuarios sean más atractivos que otros? ¿Qué es lo que se considera atractivo, deseable en nuestra sociedad? Existen varias respuestas a esto, aquí englobare solo dos aspectos principales:
A)   La apariencia física. Vivimos en una sociedad en donde se le da una gran importancia a la apariencia física, esto no es nada nuevo se ha presentado a lo largo de toda la historia, lo que enrarece el asunto es que una gran cantidad de personas tienen gustos estéticos creados, producidos por discursos de saber-poder que determinan lo que es bello y lo que es feo en nuestra sociedad.
En el contexto del país dentro del cual estoy inmerso que es México, hay una marcada predilección por lo blanco, ser blanco en este país es llevar una gran ventaja en múltiples cosas, se construye un ideal estético que mitifica la tez clara y segrega a las demás, el gusto estético por lo blanco es en el fondo una forma de expresar inconscientemente un pensamiento eugenésico en donde se ubica lo blanco como la pureza de la raza humana, el ideal perfecto y los demás colores como formas mutadas, imperfectas, productos defectuosos de la humanidad.
El color no es el único aspecto creado por estos discursos de poder, también encontramos toda una estética de la dimensión corporal, el cuerpo atravesado por una serie de discursos que dictan lo que es la belleza, en las mujeres y hombres encontramos modelos de identificación muy claros pero a la vez inalcanzables, en los medios de comunicación nos bombardean constantemente con respecto como cuidar el cuerpo, como ser más atractivos, como modificar nuestro cuerpo, incluso algunos llegan a modificarlo quirúrgicamente en pos de encajar en los estándares sociales.
En tinder se ve claramente estos aspectos, al ser una plataforma que privilegia la imagen a lo simbólico es de esperar que lo atractivo sea el cuerpo, el rostro, los músculos, caderas, pechos, encontramos una enajenación del cuerpo con el ser. Se produce una fragmentación, donde solo hay un cuerpo y el ser deja de interesar, emergen una serie de imágenes en masa, cuerpos desprovistos de sentido existencial.
B)   El nivel socioeconómico. Anteriormente en el texto lanzaba la pregunta sobre el sentido de poner fotos en parís, en playas, yates, cuestionando sobre si se trataba de transmitir algo con eso o era meramente un ejercicio narcista. La respuesta podría ser que ambas hipótesis son ciertas, por un lado se busca enviar un mensaje muy claro en lo referente al nivel socioeconómico de quien las publica, de forma inconsciente y velada en esta sociedad el nivel socioeconómico marca de forma muy clara el nivel de atracción de una persona. En un mundo donde ser es tener, quien tiene más es más,  quien tiene más es más atractivo, tinder refleja de forma muy clara este aspecto de la sociedad, lo importante es a que lugares has ido, donde te diviertes, que auto conduces, importa poco quien eres, que te gusta, cuál es tu forma de percibir el mundo.
Por otro lado también es un ejercicio narcista, una forma de distinguirse de los demás, de generar una jerarquía, una superioridad, la plataforma no está diseñada para generar diferencias intelectuales, ideológicas, solo da la posibilidad de hacerlo tanto en lo físico como en lo socioeconómico.

Después de esta análisis y manera de conclusión me aventuraría a decir que el Tinder es un reflejo de la búsqueda de pareja en nuestra sociedad, una sociedad que se basa en la apariencia en lo económico, una sociedad que busca el placer instantáneo, parcial, el amor pasa a segundo término, la aplicación se vuelve un mercado de carne y dinero, en donde los integrantes se ofertan al mejor postor.
Aquí surge una pregunta, ¿Qué hacer ante eso? La respuesta está en la exigencia de una búsqueda de espacios que retomen el lado humano, buscar rechazar estas aplicaciones que buscan colocarnos solo como cuerpos, que buscan reducir la experiencia humana a una imagen, ser sujeto implica asumirnos como una complejidad, ver la existencia como algo más que meras ratificaciones parciales, como algo más que ser por medio de nuestras posesiones, de nuestros cuerpos. La posibilidad de interacción real no está en una pantalla, no está en estas aplicaciones que nos dan la falsa idea de que estamos eligiendo, la posibilidad está en la exterioridad, en salir, vivir, expresarse, el encuentro con el otro no se da en la comodidad de nuestra sala frente a una pantalla, el encuentro está afuera, en el mundo real, no en el virtual.
Estas aplicaciones se aprovechan del miedo a la soledad, del miedo al rechazo, del miedo a la interacción, pero retomando a los existencialistas, al final estamos solos, hay que aprender a vivir con eso, el otro solo nos acompaña, quien no sabe vivir en soledad no sabrá nunca coexistir con otro, disfrutar la compañía, solo generara dependencias.


Eduardo Contreras Merino.

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