martes, 6 de junio de 2017

5 ejemplos de prácticas en las que creemos ser libres pero en realidad no lo somos tanto.

Nuestra sociedad se encarga constantemente vía los medios de comunicación masiva de darnos a entender que somos libres, se nos indica que vivimos en regímenes donde existe libertad, en donde no hay coacción de ningún tipo, no hay un uso de la violencia sobre la población de forma evidente, en esencia nos tratan de vender la idea de que solo los estados totalitarios tienen un control y privación de las garantías de libertad, y que en los regímenes democráticos no existe eso.

Esto es un error muy evidente, pensar que la democracia es sinónimo de libertad, y que el control de la libertad es exclusivo del totalitarismo, como veremos a continuación daré 5 ejemplos de aspectos en los cuales se nos hace pensar que somos libres cuando en realidad no lo somos tanto.

1.-   Somos libres porque tenemos posibilidad de elegir que productos consumir.

Frecuentemente se nos hace creer que uno de los aspectos en donde se nota de forma evidente nuestra capacidad de libertad es en la cantidad de opciones que tenemos de consumo, se nos dice que como consumidores tenemos la libertad de elegir el producto que mejor satisfaga nuestras necesidades, que como consumidores tenemos la posibilidad de regular incluso el costo de los productos ya que estos se basan en la ley de la oferta y la demanda.

Esto es evidentemente una verdad a medias, en primer lugar el criterio de elección de los productos de consumo esta atravesado por la publicidad y por la ideología consumista, pensemos en el ejemplo de un auto, si nos basáramos en la lógica de la libertad de consumo, cualquiera que buscara adquirir  un auto pensaría en criterios de uso, la calidad del auto, el rendimiento, su garantía, la viabilidad de su uso en base a su contexto,  pero lo que en realidad ocurre es otra cosa. El consumidor se basa en los comerciales de autos que vio, en su apariencia, en su lujo, en el status que tal auto puede darle, el uso del producto pasa a segundo término.

Alguno podría decirme no pero eso no es culpa del sistema, no es culpa del sistema que el consumidor no se informe sobre los productos que consume, eso pasa a ser una responsabilidad individual y aunque tienen razón en parte, no se puede establecer como criterio general.

La publicidad y los medios de comunicación masiva se dedican a borrar el aspecto de la información del consumo, se centran en mostrar otra serie de características del producto, de construir un imaginario, de vender fantasías, incluso de mentir abiertamente y el estado no los regula, no hay un límite para ellos.

Y por último la mera concepción de que tenemos que consumir ya marca claramente una ausencia de libertad, creer que hay que consumir sistemáticamente productos, que en la medida que tengamos más cosas seremos felices, exitosos, más interesantes es en esencia una muestra clara de una ausencia de libertad.

2.- Somos libres porque podemos elegir que estudiar, o a que dedicarnos.

Este es otro mito que las sociedades democráticas han creado, se nos dice que podemos elegir libremente que queremos estudiar, en que área nos incorporaremos al mercado laboral, esto es mentira por varias razones.

En primer lugar las universidades solo presentan una serie de opciones de carreras, estas están en su mayoría basadas en la exigencia del mercado laboral, es decir en los intereses del gran capital, solo en universidades muy grandes podemos encontrar otro tipo de carreras no enfocadas a áreas que no tengan que ver con lo económico de forma directa.

Aquí sería fácil pensar que el mero hecho de que existan esas ofertas educativas ya implica que hay libertad para cursarlas pero aquí surge otro problema, que pasa por ejemplo, con una persona que decide estudiar filosofía, a lo largo de la carrera puede ser algo apasionante, una experiencia enriquecedora, pero una vez concluida la carrera comienza un proceso de adecuación a la realidad, se hace evidente que esta sociedad no brinda oportunidades laborales para esa carrera, no hay espacios en donde desarrollar los conocimientos adquiridos, entonces es muy fácil encontrar personas con títulos universitarios siendo vendedores, cajeros de banco, taxistas, debido a que el sistema los usa de ejemplo.

Estas carreras sirven como medio de influir en la elección de los jóvenes, en esencia seria como decir lo siguiente, si eres libre de estudiar lo que gustes pero recuerda si estudias filosofía te morirás de hambre, no hay trabajo, piénsalo bien, hay carreras como administración, economía, derecho, medicina, esas carreras te garantizan un mejor futuro, éxito.

Esto produce una saturación de determinadas profesiones lo cual a su vez le sirve perfectamente a la economía de libre mercado y al capital, ya que al haber mayor cantidad de gente pugnando por ciertos puestos el capitalista puede establecer las condiciones laborales que le convengan, abaratando sus costos de producción y maximizando la ganancia,  es lo que Marx llamaba  el ejército de reserva.

3.-  Somos libres porque podemos elegir que ver, que escuchar, donde informarnos.

Este es otro de los puntos insistentes que las sociedades democráticas nombran como ejercicio de libertad, pensemos en el ejemplo de la televisión, en un inicio la televisión abierta nos brinda una serie de posibilidades limitadas de entretenimiento, 20 o 30 canales donde nos pasan una diversa cantidad de programas. El sistema nos dirá, ok no te convencen esta cantidad de programas no te preocupes, siempre tienes la opción de contratar un sistema de cable, ahí tendrás muchas más posibilidades de encontrar algo que te guste.

El problema radica cuando se ubica que los canales de cable siguen la misma estructura 
que los de televisión abierta, incluso en muchas ocasiones pasan los mismos programas, en realidad el contenido varia muy poco, es tener un contenido repetitivo, y designado por una serie de elementos poco claros. El contenido no popular queda borrado de la programación, incluso plataformas como netflix, nos brindan una oferta de contenido súper limitado, basado en los gustos del espectador promedio.

Los espacios para ver contenido de otro tipo se reducen a espacios culturales, de difícil acceso, con poca difusión, lo mismo ocurre con la música, el cine, encontrar propuestas culturales alternas es complicado, vivimos en la tiranía del espectador promedio, ese que ve lo que todos ven, escucha lo que todos escuchan.

Si yo contrato netflix ¿Qué libertad real de elección tengo? En el cine igual, la radio, la libertad aquí cobra un sentido muy  específico, la libertad se reduce a la elección de las opciones que el sistema nos propone, para que pudiera existir una libertad real tendría que existir una diversidad de contenido mucho mayor.

En el sentido de la información, sigue la misma lógica, la gran mayoría de los medios de comunicación dan el mismo tipo de noticias, con la misma interpretación, traduciendo la realidad de una misma forma, las diferencias radican en cuestiones más especificas como la personalidad del comunicador, su imagen.

Da igual informarse en uno u otro medio, la visión de la realidad es la misma una basada en los intereses de determinadas clases sociales, de los sistemas de gobierno, las ofertas de información más críticas se buscan volver invisibles, se les niega la difusión, el mensaje llega a mucho menos gente, la libertad de información queda por ende sesgada, manipulada.

4.-  Somos libres porque tenemos libertad de elección de pareja.

La mayoría de las personas se asume que sus elecciones de pareja, de sus objetos de deseo, las realiza con total libertad, pensando solo en la lógica que como no hay coerción en la elección eso es sinónimo de libertad. El problema aquí es que no se hacen evidentes varios puntos que atraviesan esa elección.

Pensemos en la siguiente pregunta ¿Por qué nos resultan atractivas y deseables ciertas personas y otras no?  Aquí entran en juego varios aspectos muy importantes, por ejemplo los estereotipos de imagen. Se nos vende ciertos modelos corporales y estéticos, enunciándolos como ejemplos de lo bello, lo agradable, modelos inalcanzables para la mayoría de la población pero que marcan el deseo, producen modelos de identificación.

Aunado a esto están nuestros propios conflictos inconscientes, conflictos edipicos, de represión o inhibición de nuestros deseos, el poco conocimiento de sí que tenemos, de nuestro deseo, de lo que somos, esto no nos permite tener una libre elección de nuestro objeto amoroso o erótico.

Entran en juego también las variables económicas, el aspiracionismo, la atracción por ciertos estilos de vida que determinadas personas pueden proporcionar, se pasa a relaciones de tipo utilitario, se vuelve más importante lo que la persona puede ofrecer que lo que es.

5.- Somos libres porque podemos hacer uso de nuestra sexualidad libremente.

Esta es otra falicia de la modernidad, se nos dice frecuentemente y de diversas formas que nuestra modernidad ha logrado permitir una libre expresión de nuestra sexualidad, que hemos superado esas épocas históricas de represión.

Lo que en realidad ha ocurrido es que las formas de represión y de encauzamiento del ejercicio de la sexualidad han sido invisibilizadas, ya no están tan marcados estos discursos que nos dirán que está bien o mal en el sexo, estos han pasado a enunciarse desde otro lugar, desde lo normal y lo patológico.

Ya se nos habla de la sexualidad normal y la anormal, la sexualidad heterosexual y homosexual, sexualidad madura o inmadura, sexualidad impulsiva, se desarrollan múltiples discursos como la sexología, que buscan designar la verdad sobre la sexualidad.

El sexo pasa a ser una cuestión técnica, el orgasmo se coloca como el supremo bien, el principal objetivo del ejercicio de la sexualidad, se define al sexo en función de una anatomizacion del placer, mostrando que zonas son las adecuadas para producir goce, cuales son inadecuadas, que posturas son las más indicadas para potencializar el placer, cuales son las menos adecuadas.

En esencia se apela a la repetición de un modelo, de un manual, se borra por completo la posibilidad de ver la sexualidad como un ejercicio de creación, de invención, pasa a ser una mera reproducción de procedimientos, de técnicas.

Se borra la posibilidad de vivir el sexo como un encuentro con otro, como un proceso de aprendizaje, de conocimiento de si, el saber de su placer ya no pertenece al sujeto, pertenece a estos diversos discursos, a esta ciencia de la sexualidad que determina toda la experiencia humana.

A modo de conclusión, este escrito tiene como finalidad evidenciar estas estrategias de ejercicio de poder, estas formas de creación de ilusiones, de manipulación de la forma en la que percibimos la realidad y que son muy convenientes para diversas clases que ejercen el poder.

En la medida que podemos hacer evidentes las formas de ejercicio de poder podemos a su vez generar diversas estrategias de resistencia a este, producir nuevas formas de pensar la libertad, destruir diversas verdades convenientes para los mecanismos de ejercicio de poder, la primera condición para poder aspirar a una libertad radica en ubicar cuales son nuestros límites en nuestro ejercicio de la libertad.

Eduardo Contreras Merino.
 Psicoanalista. Contacto al teléfono 5523275307.
https://www.facebook.com/Eduardo.Psicoanalista

No hay comentarios: